La sangría en las carreteras se contiene en Castilla y León
Las muertes en accidentes de tráfico caen en 2025 hasta las 107, lo que supone 19 menos que el año anterior y el dato más reducido de los últimos cuatro

Accidente en la carretera N-610, en una imagen de archivo.
Ante un nuevo fin de año, las carreteras de Castilla y León permiten analizar su peor rostro: las muertes que se han cobrado. Una cifra que, como es habitual, resulta sobrecogedora porque implica la pérdida de un importante número de vidas, aunque en esta ocasión permite cierta llamada al optimismo después de que la Comunidad haya firmado un descenso en absoluto desdeñable en los datos. Al fin y al cabo, se trata de 19 víctimas menos que confirman que la sangría viaria, en este caso, se contiene.
En todo caso, en lo que tiene que ver con las mortalidad en las carreteras, toda cifra que no sea cero supone un fracaso. Así lo sostiene la delegada de Stop Accidentes en Castilla y León, Eugenia Rayo, quien recuerda que detrás de cada uno de estos siniestros mortales hay «familias rotas» por la pérdida de «gente joven y no tan joven».
Sobre el balance de siniestralidad al cierre del año en la Comunidad, Rayo defiende que las cifras descendentes son la consecuencia de que «la gente se está concienciando un poco». «El coche es una máquina de matar, lógicamente hay que saberlo llevar y no conducimos solos en la carretera. La gente va muy deprisa, que la vida está muy acelerada pero es que en un segundo te cambia la vida», asegura cuando se cumplen tres años desde que su marido perdiera la vida en un accidente de tráfico en el que ella sufrió graves lesiones.
Por lo tanto, las cifras de siniestros mortales en vías interurbanas que ofrece la Dirección General de Tráfico (DGT) y a falta de los cambios que puedan traer las últimas jornadas del año deben tomarse siempre con prudencia, incluso cuando mejoran a las de años anteriores, porque todas ellas esconden historias detrás. Al fin y al cabo, que 2025 cierre con 19 fallecidos menos en accidentes de tráfico que en 2024 también significa que en los últimos doce meses 107 personas han perdido la vida.
Se trata de un descenso relativo del 15%, pero más allá de eso, supone que 2025 ha sido el año menos trágico en lo que a accidentes de carretera se refiere de los último cuatro. En Castilla y León no se registraba una cifra tan baja desde 2021, cuando hubo 90 fallecidos, en un excepcional periodo de tres años -de 2019 a 2021- en los que ninguno superó la centena de fallecidos aunque, eso sí, la parte final estuvo marcada por la pandemia de Covid y sus restricciones. En todo caso, obviando este intervalo, el 2025 ha sido el mejor año en cifras desde 2004, lo cual no evita que también haya contribuido a elevar la cifra total de fallecidos desde ese ejercicio hasta los 3.725.
Esa tendencia autonómica a la contención de la sangría en las carreteras se extiende por buena parte de las provincias de la Comunidad, pero hay tres que en 2025 se han resistido a reducir sus cifras, ampliándolas sensiblemente. Por el contrario, otros territorios donde se ha registrado un importante descenso tanto de los siniestros como de las víctimas mortales son los que han contribuido principalmente a la evolución autonómica.
Así las cosas, aquellas provincias en las que las víctimas aumentaron este año fueron Burgos, Segovia y Valladolid. En la primera, las personas fallecidas en accidentes de carretera fueron 19, dos más que en 2024, consecuencia de 16 siniestros mortales contabilizados frente a los quince del ejercicio anterior.
Se da además la circunstancia de que la provincia burgalesa acapara casi el 18% de los fallecidos en las carreteras de la Comunidad, arrebatándole así el primer puesto a León, que ha marcado una notable evolución este 2025.
Es Segovia la provincia que, en términos absolutos, presenta una peor evolución, ya que cierra este año, a falta de lo que pueda ocurrir en las últimas horas, con nueve fallecidos más en carretera que en 2024. Así, alcanza las catorce víctimas mortales frente a las cinco anteriores, con una evolución de los siniestros también notable al pasar de cuatro a doce.
Finalmente, Valladolid cierra la lista de las provincias de la Comunidad que empeoran en las estadísticas de la DGT, en este caso igualando las cifras de siniestros mortales con las de personas fallecidas. De esta forma, mientras que en 2024 hubo once, en el presente ejercicio han sido catorce.
Desde Stop Accidentes, Eugenia Rayo insiste en declaraciones a este periódico que «es fundamental cumplir las normas» para lograr el descenso de esas cifras. «Si se cumplieran las normas habría mucho menos accidentes. Es cierto que han bajado un poquito los siniestros, pero sigue habiendo muertos», apostilla.
Y aunque no se conocen los motivos, principalmente porque son muy difíciles de identificar y porque pueden entrar en juego varios factores, son seis las provincias en las que la mortalidad en carreteras ha mejorado, si bien no todo lo que debería a decir de las asociaciones.
En todo caso, conviene señalar como en Ávila los doce siniestros y quince fallecidos de 2024 se han convertido en cinco y seis, respectivamente. Eso sí, la provincia abulense ha sido la última en incrementar sus estadísticas después de que este 27 de diciembre un motorista de 46 años sufriera un accidente mortal en la AV-502 cerca de Cebreros. Tras recibir varias llamadas de alerta, los servicios médicos solo pudieron confirmar el fallecimiento del varón que se encontraba inconsciente en la cuneta.
Otro descenso importante de las cifras es el que anota también León, que pasa de 24 siniestros mortales con 28 fallecidos a quince y 18 en lo que supone una buena evolución para una provincia que siempre destacan por la siniestralidad de sus carreteras. Con todo, las vías leoneses todavía acaparan cerca de un 17% de las muertes, lo que se traduce en que, junto con las de León, acogen un tercio del total autonómico.
Mucho más discreto es el descenso de las cifras en Palencia, algo por otra parte esperable al ser una de las provincias que tradicionalmente registra menos muertos en accidentes cada año, aunque siempre hay excepciones. En esta ocasión anota seis accidentes con víctimas mortales, tres menos que en 2024; y ocho fallecidos por diez del ejercicio anterior.
Salamanca, al igual que ocurre en Valladolid, calca las cifras de siniestro y víctimas, y ambos datos se reducen de once a ocho. También es llamativa la evolución de Soria, donde los siniestros se mantienen en seis pero las víctimas caen de ocho a seis.
Finalmente, Zamora cierra la lista con seis siniestros mortales menos, pues pasa de 19 a trece, mientras que las víctimas descienden de 21 a catorce, siete menos.
Las cifras son tozudas e incontestables, pero la mejora nunca puede darse por buena mientras siga habiendo víctimas en las carreteras. En este sentido, Rayo pone también el acento en que «en todos los casos estamos hablando de siniestros y de muertes que podrían ser evitables porque en muchos casos o en casi todos se producen por una infracción».
Y esa «infracción» a la que alude la delegada de Stop Accidentes en Castilla y León no solo tiene que ver con el exceso de velocidad y las distracciones, desde hace tiempo reconocidas como principales causas de los accidentes de tráfico. También supone no cumplir con la normativa no utilizar los sistemas de seguridad obligatorios, lo cual también está relacionado con la mortalidad. En este sentido, un informe de la DGT sobre la siniestralidad en vías interurbanas este mismo verano recoge que 37 personas que perdieron la vida en España no cumplían con la ley en este sentido, 29 de los cuales viajaban en turismos o furgonetas.
Se trata, además, de cifras que no llegan a contenerse del todo, sino que más bien se han estancado a decir del propio informe de la DGT, y donde se indica también que en 2024 fueron 27 las víctimas sin accesorios de seguridad frente a 28 de 2023.
Por otro lado, tampoco resultan halagüeñas las cifras para los motoristas, uno de los colectivos con mayor riesgo de mortalidad en carretera. De nuevo solo en el verano de 2025 fueron 65 los que perdieron la vida, una cifra escalofriante y que también acumula años de oscilación sin llegar a reducirse nunca de manera notable.
La mortalidad en las carreteras sigue siendo, por tanto, un problema que no logra resolverse, más aún en Castilla y León donde, por su extensión, acoge una parte muy importante de la red viaria nacional y que se traduce en que la Comunidad siempre figure en los puestos de cabeza de las estadísticas nacionales.
En todo caso, este factor es meramente circunstancial y pierde peso sobre otros que destacan las asociaciones. No en vano Stop Accidentes, a pesar de apelar a la responsabilidad de todos los usuarios de la vía a la hora de cumplir las normas, también exigen que la tasa de alcohol máxima permitida sea del cero absoluto. «Queremos luchar para que la tasa sea de cero alcohol porque se evitarían muchos accidentes. Y por supuesto las drogas, porque eso también es un factor muy determinante en muchos accidentes», relata Eugenia Rayo.
Finalmente, no se puede pasar por alto que en medio de toda esta problemática ha surgido ahora el debate en torno a un nuevo accesorio de seguridad que será obligatorio a partir del 1 de enero, las balizas V16 a las que tantos conductores son reacios por su, según defienden, escasa visibilidad. A este respecto, Rayo lamenta que estos nuevos dispositivos «no ofrecen garantía ninguna porque ahora mismo se ve mejor con el triángulo que con las balizas». En este punto, de hecho, señala las últimas informaciones de la DGT acerca de que «habrá que llevar también de momento el triángulo y la baliza».