LAVANDA
La lavanda apuesta por el cultivo ecológico para combatir el desplome de precios del 70% en Castilla y León
La Comunidad cultiva el 20% de la superficie de plantas aromáticas y medicinales de España con 1.869 hectáreas, solo por detrás de Castilla-La Mancha
El mercado de aceites esenciales lucha contra la intrusión de productos sintéticos

Luz Ruiz y su hija Sofía en uno de sus cultivos de lavanda, con las flores aún en formación
El sector de la lavanda en Castilla y León se sube al tren del cultivo ecológico para paliar una crisis de precios que se prolonga ya cinco años. Es uno de los pocos sectores que siguen hablando de la pandemia de Covid de 2020 como «un antes y un después» en la rentabilidad de las explotaciones. Al incremento de superficie de cultivos de lavanda, lavandín y espliego en otros países se une el incremento de sustancias aromaticas sintéticas en los escaparates de las tiendas de perfumería y belleza. Un enemigo ante el que la única fortaleza es difundir los beneficios de las esencias totalmente naturales.
Tal es la crisis de cotización, que la Asociación Nacional Interprofesional de Plantas Aromáticas y Medicinales (Anipam) cifra en hasta un 70% el desplome de precios. En un reciente manifiesto en defensa de este cultivo califica de «dramática» la caída y explica que de los 30 a 35 euros por kilo de aceite esencial puro y natural que se pagaban en el mercado hasta 2020, se pasó a 10 euros por kilo en el año 2024. El volumen de operaciones cayó drásticamente, ya que ese precio «no cubre ni la mitad de los costes de producción», señaló la organización.
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Ante esta situación, la apuesta está clara: esencias provenientes de flores naturales con cultivo ecológico, sin herbicidas, sin productos químicos, como la lavanda cultivada en Castilla y León. La Comunidad es líder en el cultivo con más del 20,4% de la superficie nacional, lo que se traduce en 1.869 hectáreas según la última estadística oficial disponible. Castilla y León se sitúa solo por detrás de Castilla-La Mancha, la primera en la tabla nacional con 4.730 hectáreas, el 51,5% de las 9.184 que suma el total en España.
Entre las nueve provincias de la Comunidad, es Valladolid la que se lleva la palma, con 632 hectáreas. Es la tercera con más lavanda, lavandín y espliego de España, solo por detrás de Guadalajara, la primera con mucha diferencia, nada menos que 2.910 hectáreas cubiertas del ‘oro malva’, y Albacete, que suma 945. El cuarto puesto de la tabla vuelve a ser para una provincia de Castilla y León: Burgos, con 592 hectáreas.
En cuanto al resto de provincias de la Comunidad, las plantaciones de estas flores aromáticas ocupan 303 hectáreas en Palencia, 150 en Soria, 96 en Ávila, 29 en Segovia, 28 en León, 22 en Salamanca y 17 en Zamora. Todos los datos, provenientes de la última estadística del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (Mapa), se refieren al ejercicio 2022.
Ese año la producción alcanzó las 25.054 toneladas en el conjunto nacional, de las que 3.632 provenían de Castilla y León, el 14,5%. De ellas, 1.896 se recogieron en plantaciones de secano (en 1.748 hectáreas) y 2.628 en explotaciones de regadío (en 121 hectáreas). En el conjunto nacional, es muy superior la superficie de secano (8.225 hectáreas) a la de regadío (959). Sin embargo, la producción es inversamente proporcional, ya que es muy superior en regadío (5.599 toneladas) que en secano (2.393).
Los productores de lavanda de toda España pusieron sobre el tapete el pasado miércoles, 11 de junio, los problemas del sector en una jornada organizada por Anipam y el Instituto de la Ingeniería de España (IIE) en Madrid. Denunciaron, por ejemplo, que mientras los precios de la lavanda han bajado hasta un 70%, «la industria española de la higiene, la cosmética y la perfumería (destino de los aceites esenciales destilados) alcanza cotas de crecimiento récord en los últimos años».
Innovación
A la puesta en común de las principales cifras del sector continuó un análisis de la situación del mercado, y la jornada siguió con la innovación como estrategias de futuro. No podía faltar un debate sobre el papel de las administraciones públicas, puesto que, a juicio de Anipam, es fundamental el apoyo institucional para el desarrollo del sector, como por ejemplo políticas públicas, ayudas, regulación, y garantías para los consumidores en el etiquetado.
Así lo ve Luz Ruiz, directora del Centro de Interpretación de la Lavanda en la localidad vallisoletana de Tiedra, que abre sus puertas con el nombre de Tiedra de Lavanda. La única inquietud que este año no comparte el sector en Castilla y León es el de la sequía, que sí ha golpeado en otros territorios del país con pérdida de producción. «Es un poco pronto para saber la afectación, pero aquí este año ha llovido muchísimo. Nosotros ahora mismo el coste que tenemos añadido es que hay más mala hierba, o sea que tendremos que hacer más desbroces», explica en respuesta a este periódico.
«Ha habido agua de primavera, que eso le va a ir bien a la planta. Pero todavía no sabemos muy bien, porque están empezando a echar los botones. Luego, en cuestión de dos semanas, se pone todo precioso», apunta Ruiz. «Nosotros hemos tenido el problema de sequía el año pasado, aunque menos mal que nos llovió en junio y nos salvó la campaña, porque había una sequía terrible. Este año es diferente. Yo creo que va a ser mejor en cuanto a producción».
El centro Tiedra de Lavanda es una de las actividades que regenta la empresa de Luz Ruiz y su marido, Antonio Fonseca, con el nombre de Aromáticas del Duero. Tienen su propia destilería, con la que también dan servicio a otros cultivadores de lavanda de la zona. Así, se han diversificado. Si bien otros agricultores que cultiven lavanda se pueden cambiar de cultivo si ven que falta rentabilidad, Luz y Antonio se han especializado tanto que las alternativas que buscan están siempre dentro del cultivo y transformación de la lavanda, el lavandín y el espliego.
«Ahora estamos desbrozando a mano, porque tenemos cultivo ecológico, con unos costes añadidos. Además, por la vertiente turística de nuestro negocio, debemos tener unos campos presentables, sin malas hierbas, bonitos», añade Luz. «Por otro lado, las malas hierbas para hacer la destilación son un problema. Provocan que la planta se quede más pequeña».
A la explotación de Aromáticas del Duero le influye de lleno la bajada de precios del mercado. «Nosotros cuando empezamos el cultivo, hace unos 20 años, fue un momento interesantísimo donde había mucha demanda, se fue plantando y el precio de hecho fue subiendo, era muy fácil hacer la comercialización porque prácticamente te llamaban, había muchísima demanda», recuerda. «Ese es el motivo por el que mucha gente plantó lavanda en muchos sitios, no solo en España».
Pero el punto de inflexión, asegura, fue el Covid: «Ha habido un antes y un después con la época de la pandemia. Se produjo un parón comercial a nivel internacional. Luego ha habido problemas normativos, porque pretendían que la calificación del aceite esencial, que es un producto natural, que es una sustancia multiconstituyente, que es así como se considera, querían que se calificara como un componente químico, es decir, como si fueras una fábrica», relata.
Esos problemas normativos añadían incertidumbre al mercado de las plantas aromáticas y medicinales. «Eso parece que se ha solucionado, pero ahora mismo estamos buscando alternativas en este periodo de crisis del sector. Nosotros intentamos comercializar por un lado y por el otro. Tenemos la destilería, el centro de interpretación, los campos... estamos muy implicados en lo que es el cultivo de lavanda y lavandín, nosotros seguimos con esto a piñón», subraya.
Campaña
De cara a la campaña que comienza, han acondicionado nuevos espacios en el Centro de Interpretación Tiedra de Lavanda, que cada año atrae a más visitantes. Respecto a otra de las estrategias, han potenciado el cultivo en ecológico: «Nuestro producto, que siempre se ha asociado con el mundo de la perfumería, es muy interesante también para cosmética natural y la aromaterapia, por ejemplo. Ese mercado valora mucho los productos ecológicos», añade.
Es una forma de producir más costosa, ya que a la ausencia de herbicidas, que complica el crecimiento y los cuidados, se une el cumplimiento de auditorías, una serie de controles «que también tienes que pagar», apunta Luz Ruiz. «En Europa se valora mucho que el cultivo esté calificado de ecológico», remarca. Esa línea de mercado «es un poco más estable que la tradicional», apunta. «Aunque es una parte mucho más pequeña en el mercado».
Los visitantes de Tiedra de Lavanda conocen las variedades, los híbridos como el lavandín... Para mejorar la experiencia, en el Centro de Interpretación han habilitado un espacio en el exterior con una food truck «para tomarse una cervecita o un helado», explica Luz.
Respecto a la extensión del cultivo de la lavanda, Luz Ruiz recuerda que antes había muchos menos. «El cultivo de lavanda y lavandín ha crecido muchísimo. Aquí había muy poquito, por ejemplo, había una pequeña destilería antigua en Villoviado, en Burgos, de algunas plantaciones que se pusieron en los años 60».
«También hubo una destilería en Villabuena del Puente, en Zamora. Esa nos la hemos traído al Centro de Interpretación, para que la vea la gente, y conozca de primera mano cómo era la destilación antiguamente.
Cuando empezamos nosotros con más fuerza el cultivo de la lavanda, han seguido en Burgos, en la zona de Caleruega, también con una asociación palentina, y también montaron una destilería... Hubo un momento en el que se expandió el cultivo por su rentabilidad, lo malo es que no solo pasó en España, sino en otros países como Bulgaria, que son muy competitivos».