SONORAMA 2026
Sonorama, el festival que más disfrutan trabajadores y artistas
Trabajo y placer convergen en «el festival más importante» de Castilla y León / Los artistas se deshacen en elogios y están deseando repetir

Un grupo de personas en el recinto del Sonorama
«Aquí se viene a dar el callo, pero también a disfrutar. «Ir al Sonorama es volver a casa. El trabajo es secundario. Hay hermandad y reencuentros», admite Jacho, gerente de La Rúa y responsable del escenario Charco desde hace unos cuantos años. Entre bastidores, tras la barra y de aquí para allá, recibe innumerables visitas de viejos amigos mientras conoce gente nueva. Músicos y trabajadores que, irremediablemente, ya forman parte de «la familia de Art de Troya y Planeta Sonoro».
«Llegamos a Aranda de Duero hace ocho años sin saber que se convertiría en nuestra casa, a un festival que no conocíamos y del que caímos enamorados». Humber, guitarrista y compositor de Comandante Twin, lo recuerda como si fuese ayer. Tampoco olvida la experiencia previa, aquella primera toma de contacto, en el Le Club. «Fuimos a tocar allí y nos quedamos hasta las tantas conociendo a quienes forman parte del Sonorama». Lo que más le llamó la atención, y da fe de que sigue siendo así, fue «la forma que tenían de hacer las cosas, el amor que ponían, la lealtad entre ellos y cómo se comportaban con la gente que llegaba sin ser de allí tratándola de forma especial».
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Surgió, como por arte de magia, una «amistad profunda» que se ha intensificado más si cabe en esta vigésimo novena edición. Pero no por la inclusión de Comandante Twin en el cartel, sino por todo lo que hay alrededor. De hecho, Humber reconoce que «toquemos o no toquemos, siempre vamos a Aranda estos días y más veces al año». Igual que Jacho cada vez que tiene ocasión. Si es por curro, eso sí, lo asume encantado «a pesar del estrés, los nervios y mil cosas». A fin de cuentas, «cuando vienes aquí todo eso pasa a un segundo plano». Lo fundamental, por encima de todo, es que «a pesar de ser un gigante de 40.000 personas diarias, la esencia de cuidar al músico se mantiene al cien por cien».
Por vez primera en el festival ribereño, los Drugos corroboran lo que se cuenta al respecto. «Teníamos ganas de ir desde que empezamos», afirman, ahora ya con conocimiento de causa, después de escuchar un montón de testimonios de amigos que se «lo han pasado pipa» y «muchas historias que no se pueden contar». Demasiadas «maravillas» que debían experimentar en carne propia en una cita donde «se respira música y buen ambiente», ya sea en el recinto de El Picón o en la plaza de la Sal.
Idéntica opinión la de Pedrito, cantante de la banda argentina La Delio Valdez. «Nos han tratado a todo dar. El escenario Charco suena de perlas; el equipo de trabajo es hermoso, suma disposición y lo hemos pasado de lujo». Lo puede decir más alto, pero difícilmente más claro. Tan solo espera, de aquí en adelante, que «nos traigan la próxima porque ya me quedé con el pico caliente». Y remata su testimonio, a viva voz, proclamando enérgicamente: «¡Arriba Aranda de Duero!».
Después de aquel «recibimiento brutal» durante su estreno, Los Vinagres volvían este año con una «ilusión tremenda». Para Abel (vocalista y guitarrista), «tocar en el Sonorama es un orgullo y un honor». También, sin duda, una «gran oportunidad» al tratarse de «un festival considerado por muchos como el mejor de España» que, a diferencia de otros eventos de similar tamaño, «apuesta por las bandas de nuestro país a todos los niveles, ya sean noveles o consagradas». Por si fuera poco, «la comida es maravillosa al igual que la gente, el ambiente y todos los escenarios».
Segunda visita también la de Calequi y Las Panteras. «Estuvimos en el Charco en 2023 y pasaron muchas cosas», rememora Laura. Por ejemplo, tener la sensación en un momento dado de que «el escenario se doblaba en dos porque subimos prácticamente a la mitad del público y la tarima casi vuelca». Querían «romperlo todo», musicalmente hablando, y Javi se lanzó desde el escenario. Le costó «un moretonazo en el brazo derecho y una felicidad increíble». No tanta, seguramente, como la de actuar este año en la plaza del Trigo con nuevo disco, un «equipo increíble» y varios ases en la manga.
La energía que transmite el escenario Charco parece ser contagiosa. Lo atestigua María, vocalista de Mäbu, orgullosa de aterrizar en Aranda después de participar en la última edición del Sonorama Ribera México. Sea en Burgos o al otro lado del Atlántico, cree que la clave del éxito reside en que la organización «hace las cosas muy bien». En la misma línea, Ferdy de Valira subraya que «es uno de esos festis a los que cualquiera de los que está en el mundillo aspira a ir». Por eso, tanto él como el resto de sus compañeros permanecen «todo el año esperando que llegue».
«Sonorama supone un sueño. Es el festival por antonomasia de este país», enfatiza Surma, voz cantante de Niña Polaca, a sabiendas de que brillar en el escenario principal es una «experiencia apoteósica» que requiere un sinfín de ensayos y la mejor puesta en escena posible para «estar a la altura». No en vano, los Chiquita Movida añaden que «el calor del público es lo que más nos gusta». Lo comprobaron en su momento, a través de proyectos previos, nada más pisar la capital ribereña.
Resulta innegable, desde hace tiempo, que el Sonorama es sinónimo de enriquecimiento intergeneracional. Dentro y fuera del escenario. Con bandas veteranas, como Sobrinus, que desfilaron «a finales de los 90 o principios de los 2000». En este caso, el grupo se tomó una pausa de 12 años hasta su regreso en 2017. Volvieron, tal y como indica Javi, su bajista, tras recibir una nueva invitación de Art de Troya. Desde entonces, han seguido adelante de manera ininterrumpida y acudieron este año a Aranda dispuestos a cerrar su 30 aniversario por todo lo alto.
Con idéntica ilusión, «cardiacos» incluso, acudían Oslo Ovnies. «Tocar en la plaza del Trigo es el acontecimiento más importante de la banda y uno de los días más felices de nuestra vida. Se describe solo el acontecimiento», confiesan con la firme convicción de que un evento de semejante magnitud les permitirá «llevar al grupo lo más lejos posible». Además, les une una estrecha relación con Aranda porque Aitor, el batería, tiene lazos familiares con la Ribera.
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Dos veces en la plaza del Trigo y unas cuantas más en diferentes zonas desde «los comienzos en el escenario del camping». Cada bolo tiene su aquel, aunque dejarse el alma y la piel en pleno casco histórico de la ciudad resulta «súper especial». Aun con todo, lo que más le fascina a Félix, guitarrista de Tu Otra Bonita, es observar que «el festival ha crecido muchísimo, pero sigue teniendo esa esencia de crear familia para que los grupos nos volvamos a reencontrar».
De vuelta al escenario Charco, Noe (La Rúa) reafirma lo anteriormente dicho. «Trabajar en el Sonorama es mucho más que estar en detrás de un escenario. Al final, acabas sintiendo que formas parte de algo más grande. Los artistas y el público comparten una misma emoción, diferente a todo lo demás». Encima «la suerte es doble» porque este enclave en concreto tiene un «encanto difícil de explicar». Sea como fuere, agradece de corazón la oportunidad de haberse cruzado con «las personas adecuadas que te abren la puerta». Una puerta que, de par en par, permite el acceso a «experiencias tan bonitas como esta».