INCENDIO DE FERMOSELLE
Realojados por el incendio de Fermoselle (Zamora): "Había muchísimo humo, caía ceniza del cielo rojo"
"El miedo que tenía era que el fuego estuviera en el pueblo. Esa fue mi sensación cuando nos dijeron fuera, fuera, fuera. Al final, parece que no han llegado las llamas", comenta una vecina

Ejecutados por el incendio de Fermoselle
Anoche no fue posible dormir en Zamora con las ventanas abiertas ante el intenso olor acre a quemado y la concentración de partículas en suspensión que irritan la garganta y los ojos. Cuando el cielo nocturno de Zamora está totalmente despejado de nubes pero la atmósfera es plomiza y las farolas presentan un cono de luz bien visible, está claro que algo grave está pasando.
Los habitantes de la provincia conocen bien el escenario que ofrecen incendios forestales como el declarado ayer, a primera hora de la tarde, en el término municipal de Fermoselle, cuyo Índice de Gravedad Potencial se mantiene en el nivel 2 y ha obligado a desalojar catorce pueblos, además de confinar a los habitantes de otros dos, concretamente, Fermoselle y Fariza, informa Ical.
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El incendio forestal obligó a evacuar a más de un millar de personas de Cibanal -incluido el cámping ‘Los Arribes’ y viviendas del entorno-, Formariz, Fornillos de Fermoselle, Pinilla de Fermoselle, Badilla, Cozcurrita, Mámoles, Palazuelo de Sayago, Tudera, Zafara, Argañín, Muga de Sayago -incluida la residencia de personas mayores-, Pasariegos y Villar del Buey.
Los habitantes de todas esas poblaciones han vivido muchos fuegos forestales, con recuerdos especialmente dolorosos de 2017 en Fermoselle y en Villar del Buey, cuyos ecos se han ido repitiendo con altavoz nacional e internacional con los gravísimos incendios registrados en los veranos de 2022 y de 2025. Y las previsiones sobre la evolución de las llamas no es, precisamente, halagüeña, ante temperaturas en torno 37 grados y rachas de viento de más de 30 kilómetros por hora.

Las llamas del incendio forestal declarado en Fermoselle(Zamora ) rodean la localidad de Formariz.
Además de quienes se alejaron por sus propios medios de todos esos pueblo, cientos de personas fueron evacuadas al Pabellón de Fermoselle, a Neurocare Zamora, a la Residencia ‘Los Tres Árboles’ de Zamora y al Polideportivo de Bermillo de Sayago
A primera hora de la mañana, hay mucho movimiento en el pabellón bermillés, donde 337 personas pasaron la noche, más para intentar descansar que para dormir.
Sara Ferrero tiene 24 años y vive en Villar del Buey y llegó al pabellón con sus padres y con una amiga. “Sin poder dormir, apenas. Un poco nerviosa. Después de cenar, empezó a acercarse el fuego y nos desalojaron directamente. Había muchísimo humo, caía ceniza del cielo, que se veía de color rojo”, describe.
Leonor Garrido, natural de Cibanal (Zamora), recibió el aviso urgente de la Guardia Civil para que desalojara inmediatamente su casa. “El incendio me pilla de vacaciones, en mi casa y con mi madre, de 98 años, que tiene movilidad reducida, y mi marido, operado, con una prótesis en la arteria aorta. Ha sido complicado pero, gracias a Dios, estamos bien, que es lo importante”, afirma, en declaraciones a la agencia ICAL. “Mi sobrino estaba en el cámping y unos guardias civiles le dijeron había que irse”, añadió.
Leonor reside desde hace mucho tiempo en las islas Canarias, donde regenta un establecimiento hostelero, y pasa todos los veranos en Cibanal, una pequeña localidad de apenas 70 habitantes, perteneciente al municipio de Villar del Buey, cuyos habitantes todavía recuerdan el incendio forestal, probablemente, provocado, que quemó una quincena de hectáreas en 2017.
“Hay que agradecer mucho todo lo que hecho la Cruz Roja, los demás voluntarios y todo, porque cada uno hace lo que puede. Ha sido una noche difícil para todos y hay que valorar el trabajo.Yo cogí las pastillas de mi madre, los medicamentos de las demás personas y poco más. El miedo que tenía era que el fuego estuviera en el pueblo. Esa fue mi sensación cuando nos dijeron fuera, fuera, fuera. Al final, parece que no han llegado las llamas a Cibanal”, comenta.
Cumpleaños
Óscar Fernández, procedente de Cibanal, no olvidará nunca la jornada de hoy, en la que celebra su quincuagésimo cumpleaños con un incendio y un desalojo. “Ya ves. Es lo que toca. No he dormido nada por los nervios y la preocupación. De momento, está cortada la carretera y no nos dejan ir”, comenta, con resignación.
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Algo parecido le pasa a María José Martínez, natural de Cataluña, aunque vive en Palazuelo de Sayago desde hace casi medio año. Cumplirá mañana 51 años, probablemente, sin poder celebrarlo en el pueblo. “Me evacuaron a las tres de la tarde. Es la primera vez que nos pasa esto. Estamos como perdidos. No sabemos qué hacer y acabo de hablar con una vecina, que me dice que el pueblo está fatal. No se puede respirar por el humo. Yo vivo en la misma plaza y varias casa cercanas a la mía se han quemado”, expone, con gesto de preocupación.
El deseo de ir a sus pueblos es ferviente en todas las personas desalojadas y la Guardia Civil se afana en desanimar cualquier intento de sortear las carreteras CL-527, ZA-P-2221, ZA-P-2222 y ZA-P-2226, que permanecen cortadas al tráfico. En este contexto, aflora el sentido recuerdo de personas que, en otros siniestros similares de la provincia, fallecieron al desviarse por caminos, sin que fuera posible hacer nada para salvar sus vidas.
María Dolores Soler, de 53 años, reside en Madrid y estaba de vacaciones en Palazuelo de Sayago cuando fue desalojada. Pasea por el exterior del pabellón con Shena, una cariñosa perrita de catorce años. Pasó la noche en un camastro instalado junto al edificio para tener más libertad a la hora de ocuparse de Shena y de Zeus, Thor, Trufa, Mora, Jerónimo, Pizquita, Hera y Quimera, los ocho chihuahuas de los que también se ocupa.
“Apareció la Guardia Civil y yo le dije: ¿qué hago con los perros? Venga, venga, no se puede quedar usted aquí y yo no me voy a ir sin los perros. Venga, coja todos los transportines, que los vamos montando y me fueron metiendo a los perrillos. No me dio tiempo a coger nada, excepto las cartillas de los perros. No encontraba la cartera pero, al final, sí la traía”, relata a Ical.
Medicamentos
Por su parte, Lorenzo Villar, de 73 años, vive habitualmente en Extremadura y pasa los veranos en Mámoles, de donde fue evacuado. Camina por la pista adyacente al pabellón, junto con su mujer y su tía y describe los pasos que debe dar para intentar acercarse a su pueblo a coger la medicación de su tía Natividad, de 95 años. “Tengo que pedir permiso y ellos, también deben solicitarlo al jefe, tomar mis datos, la hora de salida, la hora de regreso y, si no vuelvo, me sancionan”, apunta.
Natividad oye con algunas dificultades pero responde con soltura y reconoce que no ha sido una gran noche. “La he pasado bien pero no he dormido nada. Este año no habíamos visto ningún incendio pero, mira, ayer nos ha tocado”, señala.

Agentes medioambientales y voluntarios trabajan sin descanso durante la noche para frenar el avance del incendio de Fermoselle (Zamora).
Lorenzo se muestra desesperanzado respecto a la posibilidad de regresar este jueves a Mámoles, donde todo apunta a que el incendio empeorará en las próximas horas por las altas temperaturas y el viento.
“Llegó la Guardia Civil y nos dijeron que teníamos que irnos enseguida. Yo ya lo tenía todo preparado, por si acaso. La noche ha sido bastante regular. Ni siquiera he usado una cama. Hemos estado de paseo toda la noche”, cuenta Álvaro Araújo, de 76 años y procedente de Villar del Buey.
Agradecimiento
Antes de despedirse, Lorenzo Villar procura cerciorarse de que el texto del reportaje incluya el “agradecimiento” por el buen hacer de Cruz Roja Española en Zamora, Protección Civil, la Guardia Civil y los habitantes de Bermillo de Sayago.
En sintonía con la proverbial solidaridad y hospitalidad zamoranas, la población bermillesa se volcó con las personas llegadas desde todas esas localidades evacuadas. “Yo soy del pueblo y hemos venido a ayudar, a echar una mano, por oi hay que traer comida, agua, medicación para gente que ha salido de casa precipitadamente sin ella… Aquí hay de todo y es gente muy mayor”, comenta a ICAL, emocionada, Nines Carrascal.
“En estas circunstancias, al ser humano le sale. Por lo menos, aquí lo demuestra la gente de Sayago. Sale lo mejor que tenemos: la empatía, la solidaridad, el respeto, el cuidado y la ayuda. Es venir a decir que tengo una casa, tengo una cama, tengo comida, que no se quede sola la gente que ha dejado todo y ha tenido que venir aquí por el incendio”, añade.
Nines, natural de Bermillo, es una profesional de la gestión cultural y tiene en Andalucía la compañía ‘Histrión Teatro’. “Hay una mujer de 103 años. Mucha gente muy mayor que afrontar esto de una forma increíble. Han tenido una vida muy dura, han vivido la guerra y la posguerra, una miseria total y ahí están, con una resignación admirable. Te sonríen y aprendes de ellos”, recalca. “Hay mucha gente como yo, del pueblo, que nos hemos venido inmediatamente a ayudar”, reitera.
Manuel Luceño, de 89 años, agricultor de toda la vida, recuerda el incendio registrado en 2017 en Villar del Buey y sacude la cabeza ante la desgracia que, al menos, no ha costado vidas. “Tampoco he dormido nada”, asegura.
Armando Bartolomé, maquinista retirado, de 73 años, viene desde Pinilla de Fermoselle. “Las cosas están jodidas allí. No te dejan acercarte. Está cortada la carretera. Ha ardido mucho monte bajo”, precisa.
“Y monte alto, que hay encinas. En el pueblo de ha quemado todo”, puntualiza su mujer, Caridad Laguno, de 70 años. “Yo he tenido que ir a que pusieran una inyección porque me ha dado vértigo. Nos han atendido muy bien. No tenemos queja de nada. La gente de Bermillo se ha volcado con mucho cariño y amabilidad”, destaca.
La alcaldesa de Bermillo, Ángeles Isabel Martínez, tampoco ha dormido demasiado porque estuvo, hasta bien entrada la madrugada, ayudando a atender a las personas evacuadas y llegó a acercarse hasta Muga de Sayago, una de las últimas localidades desalojadas. “La gente ha colaborado en todo. Es lo mejor de esta desgracia. Llegó un momento en el que ya había demasiada gente para echar una mano. Ha habido un grupo de jóvenes que no se ha movido de ahí para atender, sobre todo, a las personas mayores. “Los de Alcampo nos han traído los bocadillos para la noche, Coca Cola envió un palé de agua, Asovino trajo toda la fruta de ayer, empresarios locales que nos dicen que lo que haga falta”, enumera.
Sobresalto
José Ignacio Serrano, de 59 años, estaba en el cámping ‘Los Arribes’ y se llevó un gran sobresalto con la evacuación. “Me dejé allí todo: la medicación, la cartera y la ropa”, apunta, algo parecido a lo que le pasó a Eva Pinilla, auxiliar de Enfermería, de 22 años, que priorizó las necesidades de sus perros, Rocco y Milka. “Lo primero, pensamos en los perros. Hemos intentando dormir un poco en el coche”, rubrica.
El jefe de la Agrupación de Protección Civil de Toro, Joseba Revidiego, explica que está “controlada” la cobertura de las necesidades de las 337 persona alojadas en Bermillo de Sayago. “El agradecimiento de la gente es nuestro sueldo. Que valoren lo que hacemos nos hace sentir muy felices y nos vamos orgullosos”, subraya.
Isabel Cabrera, residente en Bermillo, es conocida por presidir la Hermandad de Donantes de Sangre de Zamora pero, en esta ocasión, echa una mano para que los desalojados se sientan acogidos. “No hemos dormido nada pero era lo que había que hacer para atender a la gente. Debemos ayudarnos entre nosotros. Hemos estado repartiendo la comida, los bocadillos y los cafés desde las seis de la mañana”.
Carlos Rodríguez, técnico provincial del área de Socorro de Cruz Roja Española en Zamora, acaba de ocuparse de que los generadores funcionen y coordina a una docena de voluntarios, apoyados por la red autonómica de la organización. “Hemos montado lo que es un albergue para unas 350 personas y prestarles el máximo nivel de cuidados y de asistencia tanto en el ámbito psicosocial como en higiene y alimentación”, anota. Asier Dotor, de 19 años, vive en Ciudad Real y estaba de vacaciones en Badilla. Va acompañado por su perra Shiva y por un amigo. “La noche ha sido muy mala. No hemos dormido nada. Cero”, dice.
“Se les quema la tierra”
Juan José Carbajo, sacerdote de 31 años -el segundo más joven de la Diócesis- ejerce sus funciones de párroco y también acompaña a las personas desplazadas. “No ha habido daños personales pero, para los agricultores y ganaderos, para la gente mayor, es como si los hubiera porque se les quema la tierra, que es su vida. Procuramos darles paz y serenidad. Soy uno más, con ellos”, rubrica.
Entre los cientos de historias personales de cada una de las personas afectadas por el incendio se encuentra el caso de Ilenya Lillo, de 39 años, agente de una correduría en Madrid. El pueblo de mi marido es El Tiemblo y los incendios de allí afectaron a la urbanización. Están sin agua y sin luz. Ayer vinimos a Zamora, a mi pueblo, que es Villamor de la Ladre, y nos enteramos por el camino del incendio de Fermoselle”, explica. “Hemos estado toda la noche refrescando las casas y las calles, el corral. Estoy sin luz y he tenido que venir con el ordenador a Bermillo para sacar adelante algo de trabajo”, concluye.

Evacuados por el incendio de Fermoselle
Evacuados por el incendio de Fermoselle

Evacuados por el incendio de Fermoselle
Evacuados por el incendio de Fermoselle

Evacuados por el incendio de Fermoselle
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Evacuados por el incendio de Fermoselle
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