Diario de Castilla y León

Un hombre sube a 110 metros con una gaita: la tradición de Salamanca que nació de un terremoto

El Mariquelo y la tradición de Salamanca que nace del terremoto de Lisboa

Ángel Rufino de Haro interpreta una charrada con gaita y tamboril frente a la Catedral de Salamanca, manteniendo viva una tradición centenaria

Ángel Rufino de Haro interpreta una charrada con gaita y tamboril frente a la Catedral de Salamanca, manteniendo viva una tradición centenariaGetty Images

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La escena parece casi irreal: un hombre vestido de charro asciende cada año hasta lo más alto de la Catedral de Salamanca con una gaita y un tamboril. Es «El Mariquelo», nombre que encarna hoy Ángel Rufino de Haro, continuador de una tradición que lleva siglos desafiando al vértigo y al olvido.

Todo comienza en 1755, cuando el devastador Terremoto de Lisboa de 1755 sacudió buena parte de la península. Según recoge la web oficial de El Mariquelo, «el temblor también se sintió en Salamanca» y provocó el pánico colectivo: los ciudadanos pensaron que era el fin y buscaron refugio en la catedral.

La Oficina de Turismo de Salamanca aporta un matiz clave: «la catedral tembló de tal manera que las campanas de la torre sonaron solas y la cúpula se derrumbó». Sin embargo, el desenlace fue casi milagroso: no hubo víctimas mortales.

Ese hecho marcó el inicio de todo. El cabildo catedralicio decidió instaurar un rito anual: alguien debía subir a la torre para tocar las campanas «como acción de gracias» y, además, comprobar que la inclinación de la torre no había empeorado.

El Mariquelo y la familia que convirtió un rito en identidad

Durante generaciones, la responsabilidad recayó en una familia concreta que vivía en la catedral: «Los Mariquelos». Ellos no solo cuidaban el templo, sino que asumían esa subida anual como una obligación casi sagrada.

Tal y como recogen la web oficial de El Mariquelo y fuentes institucionales como la Oficina de Turismo de Salamanca, el objetivo era doble: agradecer a Dios y verificar la estabilidad de la torre tras el impacto del terremoto. Una función técnica y espiritual al mismo tiempo, profundamente ligada al contexto histórico.

La tradición se mantuvo viva hasta 1976, cuando el último miembro de la familia cumplió con el ritual. Después, el silencio.

Ángel Rufino de Haro, el Mariquelo moderno que devolvió la tradición a Salamanca

En 1985 ocurre el giro que explica por qué hoy seguimos hablando de esta historia. Ángel Rufino de Haro decide recuperar el rito, aun sin pertenecer a la familia original. Hereda el nombre y lo transforma en símbolo contemporáneo.

Desde entonces, cada 31 de octubre asciende los cerca de 200 escalones de la torre (a más de 110 metros de altura) vestido de charro y con sus instrumentos. Allí arriba interpreta una charrada, en un gesto que mezcla tradición, música y mensaje.

Él mismo lo resume con una frase que define su filosofía: «Los pies bien puestos en la tierra pese a que mi límite siempre es el cielo».

Ataviado con el traje charro, Ángel Rufino de Haro simboliza la continuidad del folclore salmantino y su legado cultural

Ataviado con el traje charro, Ángel Rufino de Haro simboliza la continuidad del folclore salmantino y su legado culturalelmariquelo.es

El Mariquelo hoy: más que tradición, un mensaje de esperanza

Lo que podría parecer una simple recreación histórica se ha convertido en algo mucho más profundo. Según recoge su web, el objetivo actual va más allá de la tradición: «preservarla y dar ánimos y esperanza a la gente».

A lo largo de los años, El Mariquelo ha dedicado sus subidas a múltiples causas sociales. Desde el apoyo a afectados por el coronavirus o la erupción de La Palma, hasta mensajes dirigidos a personas con enfermedades como el Alzheimer o la esclerosis múltiple.

En redes sociales, como refleja la publicación de la usuaria Teresa Lucas Rodríguez, el gesto sigue emocionando: «Un año más se ha cumplido la tradición», recordando que el acto también sirve para «comprobar que la torre sigue estable».

El Mariquelo rinde homenaje a la historia desde los pies de la torre de la Catedral de Salamanca

El Mariquelo rinde homenaje a la historia desde los pies de la torre de la Catedral de Salamancaelmariquelo.es

Hoy, El Mariquelo no es solo un hombre subiendo una torre. Es un embajador del folclore salmantino, un músico que ha llevado esta tradición por países como Estados Unidos, México o Francia, y un docente que transmite el amor por la gaita y el tamboril a nuevas generaciones.

Pero, sobre todo, es la prueba de que algunas tradiciones no sobreviven por inercia, sino por convicción.

Cada año, cuando asciende a la torre de la Catedral de Salamanca, no solo desafía el vértigo. También desafía al tiempo. Y recuerda, desde lo más alto, que hay historias que merecen seguir sonando.

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