Diario de Castilla y León

La alta cocina reconforta a los pacientes del Hospital de Salamanca

Varios chefs de la ciudad se vuelcan con la Semana Gastronómica en el centro hospitalario

Cocineros de diferentes restaurantes de Salamanca hacen menús especiales para los enfermos internados en el Hospital Clínico de Salamanca

Cocineros de diferentes restaurantes de Salamanca hacen menús especiales para los enfermos internados en el Hospital Clínico de SalamancaICAL

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Diario de Castilla y León | El Mundo
Valladolid

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El Hospital Clínico Universitario de Salamanca ha vivido una semana muy diferente. Allí donde habitualmente reinan la precisión, la rutina y los ritmos estrictos propios de una cocina industrial, han entrado algunos de los chefs más reconocidos de la ciudad. La Semana Gastronómica, organizada como acción de humanización, ha permitido que pacientes ingresados pudieran disfrutar de menús especiales elaborados por restaurantes como En la Parra, ConSentido, Atelier, El Alquimista, Mesón de Gonzalo y Eunice, entre otros.

Lo que comenzó como una propuesta sencilla del departamento de Comunicación del hospital, se convirtió rápidamente en un engranaje logístico y humano de gran complejidad. La primera llamada fue a Alberto González, responsable de la distribuidora que lleva su nombre y figura clave en el sector hostelero salmantino. Su implicación fue inmediata y asumió la tarea de coordinar a los restaurantes participantes, encajando agendas, necesidades, mercancías y tiempos.

“No es algo que se monte de un día para otro. Llevamos un mes y medio cuadrando todo para que saliera bien”, explica. Su mensaje fue claro: se buscó a los mejores restauradores de Salamanca y, sobre todo, a quienes quisieran participar desde la voluntad de colaborar en un entorno especialmente sensible. Desde el principio, todos tuvieron claro el objetivo final: provocar una sonrisa en los pacientes, ofrecer un pequeño respiro en medio de la hospitalización y demostrar que la gastronomía también puede cuidar, informa Ical.

El aterrizaje de los chefs en la cocina del hospital no fue improvisado. Antes de ponerse frente a los fogones, el jefe de cocina del centro, David de la Calle, organizó varias reuniones para explicar cómo funciona un espacio que sirve unas 2.100 ingestas diarias y trabaja bajo un sistema de línea fría que obliga a cocinar un día, abatir, conservar y servir al siguiente.

Para unos cocineros acostumbrados a preparar entre 40 y 50 platos por servicio, la escala y la metodología resultaron sorprendentes. Aquí cada proceso está sometido a controles sanitarios continuos, desde inspecciones mensuales hasta auditorías quincenales, pasando por un sistema de trazabilidad que exige etiquetar y numerar cada lote. Pese a las diferencias, el encuentro fue fluido. Ocho cocineros del hospital se ofrecieron voluntarios para trabajar por la tarde junto a los chef invitados, con la intención de que se sintieran arropados y parte del equipo. “Queríamos que estuvieran como en casa. Nadie ha venido obligado. La aceptación ha sido enorme”, señala de la Calle.

Adaptar la alta cocina

Uno de los mayores retos de la Semana Gastronómica fue seleccionar a los pacientes que podían recibir estos menús especiales. La cocina hospitalaria debe cumplir con dietas estrictas ya que hay pacientes que no pueden consumir ciertos alimentos “Ellos al final han hecho la receta que han querido, luego nosotros la hemos adaptado a los pacientes. Pero no se puede adaptar a todos porque tenemos dietas que son muy restrictivas.” comentaba David.

El equipo de Dietética y Nutrición revisó cada receta y determinó a quién podía servirse cada plato. De los más de 700 pacientes que comen en el hospital, entre 300 y 350 pudieron disfrutar cada día de los menús elaborados por los chefs invitados. En otros casos, simplemente se optó por no servir un plato a determinados pacientes. Esa convivencia entre técnica de restaurante y exigencias clínicas supuso un ejercicio de coordinación constante. “Hay raciones que no se pueden servir a ciertas personas, luego tienen productos nuevos que aquí no usamos normalmente, que tienen más grasa, tienen especias, pueden picar un poco, eso es más restrictivo que las dietas neutras” comentó de la Calle.

Largas jornadas

El calendario no ayudaba. El hospital se encuentra en pleno pico de ocupación y el equipo de cocina sabía que la Semana Gastronómica implicaría un sobreesfuerzo. “Esta semana hemos trabajado 14 horas diarias, mañana y tarde, como pollos sin cabeza”, resume David de la Calle. Pese al cansancio, la motivación compensaba.

La convivencia con los chefs permitió comparar procesos, debatir sobre técnicas y valorar el nivel de organización que exige una cocina hospitalaria que no puede permitirse improvisaciones. Jesús Colorado, chef ejecutivo del Grupo Gonzalo, lo resume bien: “Nos hemos dejado guiar por ellos. Esto no es como en el restaurante. Aquí el proceso es distinto y el personal del hospital tiene una predisposición enorme. Técnicamente es impresionante, pero lo más destacable es su actitud”.

La emoción en la bandeja

El impacto en los pacientes se notó desde el primer día. “No vuelve nada de comida”, señalaban desde el departamento de prensa. Los carros regresaban prácticamente vacíos, una señal del grado de aceptación y de la ilusión generada. Algunos platos más atrevidos despertaron sorpresa y no gustaron a todos, pero la mayoría de pacientes los probaron con curiosidad.

Para los cocineros, ese simple gesto ya justificaba el esfuerzo. “Si podemos darles veinte minutos de satisfacción, ya merece la pena”, afirma Colorado. En un entorno rutinario y muchas veces emocionalmente tenso, la llegada de un plato diferente, acompañado de la historia que lleva detrás, se convirtió en una pequeña celebración.

Tal es el encanto de los pacientes, que en muchas ocasiones, lo único que vuelve a cocina es la bandeja limpia y una nota de agradecimiento por el gesto tan humano y complejo que el hospital está llevando a cabo esta semana.

Uno de los aspectos más llamativos para los chefs invitados fue la capacidad del hospital para trabajar sin prácticamente generar residuos. La cocina opera con un sistema de previsiones y aprovechamiento que permite reducir mermas al mínimo, algo que contrasta con el funcionamiento habitual en muchos restaurantes. Cada ración está planificada y responde a criterios sanitarios, clínicos y de eficiencia. El resultado es una cocina casi sin desperdicio, un engranaje que prioriza la seguridad alimentaria, la logística y la sostenibilidad.

Proyección de futuro

Aunque la iniciativa ha surgido en el marco de unas semanas especiales para el hospital, tanto el personal del centro como los chefs participantes no descartan que pueda repetirse. Alberto González asegura que varios cocineros ya han propuesto nuevas actividades similares y que la experiencia ha servido para estrechar vínculos entre la gastronomía salmantina y el hospital. Algunos restaurantes incluso contemplan incorporar a sus cartas las versiones originales de los platos adaptados para el hospital, como muestra de esa colaboración.

Para el centro, esta semana ha sido también una oportunidad para visibilizar el trabajo de sus cocineros, habitualmente poco conocido por el público general. “Yo creo que lo que más les sorprende a ellos son las cantidades y la organización que nosotros tenemos, aunque ellos también la tienen, en los restaurantes tú vas al mercado, compras lo que ves y lo cocinas y aquí va todo con unas previsiones, con unos lotes, con una trazabilidad y tiene que ir todo etiquetado, numerado y con su código de barras para que podamos gestionarlo bien y para que Sanidad esté tranquila. Eso es lo importante.”, apunta de la Calle.

La Semana Gastronómica ha demostrado que la cocina puede ser también una herramienta de humanización. Para los pacientes, recibir un menú preparado por algunos de los mejores cocineros de Salamanca ha sido una sorpresa y un motivo de alegría. Para el hospital, ha sido la prueba de que la colaboración con la ciudad puede ofrecer resultados que trascienden lo culinario. Y para los chefs, ha sido una invitación a mirar con otros ojos un espacio donde la comida no busca la excelencia estética, sino contribuir a la recuperación. Como concluye Jesús Colorado, “siempre intentamos ayudar en estas causas solidarias, en causas benéficas, desde la parte que nos corresponde, que es el cocinar, intentar agregar nuestros granitos de arena a la ciudad”.

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