Dueñas (Palencia) abre la puerta a su pasado en un viaje por sus casas cueva y bodegas
Valentín Rincón, presidente de la Asociación de Bodegas y Cuevas, reivindica la conservación de las 265 construcciones catalogadas en la localidad

Valentín Rincón, presidente de la Asociación de Bodegas y Cuevas, reivindica la conservación de las 265 construcciones catalogadas en la localidad y reclama más respaldo institucional para recuperar este patrimonio
“En el momento que abres la puerta ya ves como un paso hacia el pasado”. Valentín Rincón, presidente de la Asociación de Bodegas y Cuevas de Dueñas, recurre a esa imagen para explicar lo que supone entrar en una de las antiguas viviendas excavadas en el terreno que todavía se conservan en esta localidad palentina. Tras la puerta, lejos de encontrarse únicamente una construcción singular, aparece una forma de vida ligada al campo, a las familias jornaleras y a una época en la que las cuevas eran hogar y las bodegas, el lugar donde se elaboraba y guardaba el vino.
Rincón conoce esa historia también a través de su propia familia. Sus abuelos vivieron en una casa cueva de Dueñas desde aproximadamente 1930 hasta 1960. Allí nacieron sus tíos y su padre, y el inmueble permaneció después como almacén de aperos de labranza hasta que él mismo decidió recuperarlo para instalar una peña en 1992. Con el tiempo, aquella iniciativa adquirió otro sentido, conservar el espacio y mostrar a los visitantes cómo era la vida de quienes habitaron estas construcciones, informa Ical.
“Siempre tuve en la cabeza intentar hacer ver lo que fue la vida en las casas cueva”, explica a Ical el presidente de la Asociación, que recuerda cómo las personas mayores le transmitieron historias sobre aquellos años. La vivienda familiar se convirtió así en uno de los lugares desde los que acercarse al pasado de Dueñas, en un municipio que mantiene catalogadas alrededor de 265 construcciones entre bodegas y casas cueva.
La conservación de este patrimonio es precisamente la razón de ser de la Asociación, constituida en 2014 por un grupo de propietarios preocupados por el deterioro de los barrios. “Veíamos que había problemas de hundimientos, abandono y una falta de cuidado que afectaba tanto a los inmuebles como a su entorno”, recuerda Rincón. También echaban en falta criterios comunes a la hora de reparar las fachadas y una mayor promoción de estos espacios.
De aquella preocupación surgió una entidad que se propuso trabajar en dos direcciones. Por un lado divulgar el valor turístico de los barrios de bodegas y por otro fomentar su conservación, recuperación y mantenimiento. Más de una década después, su presidente considera que ambas cuestiones siguen siendo necesarias, aunque el trabajo se desarrolla con recursos limitados y con dificultades para conseguir financiación para algunos de los proyectos planteados.
Un pasado de vino y jornaleros
La historia de las bodegas y las casas cueva está ligada al desarrollo de la actividad vitivinícola en Dueñas. Ambas construcciones crecieron en paralelo a la extensión de las viñas y a la producción de vino, aunque sus funciones eran diferentes. Mientras las casas cueva servían como viviendas, las bodegas se excavaban para elaborar y conservar el vino, aprovechando las condiciones de temperatura que ofrecía el subsuelo.
El momento de mayor auge llegó a finales del siglo XIX. Rincón recuerda que en 1880 había 235 casas cueva habitadas en Dueñas y que, al final de aquella centuria, las bodegas llegaron a albergar alrededor de 4.636.000 litros de vino. Las cifras reflejan la dimensión que alcanzó una actividad que proporcionaba trabajo a buena parte de la población y que condicionó tanto el paisaje como la organización de la vida cotidiana.
Una de las claves de aquel crecimiento fue la demanda de vino procedente de Francia, afectada por la crisis de la filoxera en sus viñedos. La necesidad de abastecerse de producción exterior favoreció las ventas de vino de otros territorios, entre ellos Dueñas. En las casas cueva residían, principalmente, los trabajadores que vivían de las labores agrícolas.
“Los que habitaban esas casas eran gente, jornaleros, gente humilde, que no tenía medios económicos”, señala Rincón. La Asociación ha consultado antiguas escrituras para reconstruir parte de esa realidad y ha encontrado documentos en los que los propietarios aparecían como dueños de las cuevas, pero ya no tenían tierras. Una circunstancia que, a su juicio, ayuda a comprender el perfil de quienes ocupaban estas viviendas.
El presidente insiste en que las casas cueva no pueden entenderse al margen de las condiciones sociales de la época. Eran espacios habitados por familias que dependían del trabajo en el campo y que disponían de pocos recursos. “Al final eran épocas duras las que vivieron sus familiares”, relata, a partir de los recuerdos que ha recibido de sus padres y de otros parientes. El declive de esta forma de vida comenzó cuando Francia recuperó sus viñedos y dejó de necesitar tanto vino del exterior. La reducción de la demanda dificultó la comercialización de la producción local y fue seguida por otros cambios que transformaron el medio rural. La mecanización del campo redujo la necesidad de mano de obra, mientras la guerra y la emigración contribuyeron a la pérdida de población vinculada a las tareas agrícolas. En la década de 1970, la concentración parcelaria y el arranque de viñas aceleraron esa transformación.
“Todo eso indica un esquema completamente hacia abajo desde principios del siglo XX hasta los años 60”, resume Rincón. A partir de esa década comenzó una recuperación parcial de algunas instalaciones, que pasaron a utilizarse como peñas y merenderos. Ese nuevo uso permitió mantener espacios que habían perdido su función productiva y contribuyó a evitar que algunas bodegas quedaran abandonadas. Aunque comparten paisaje y forman parte de una misma tradición, las casas cueva y las bodegas tienen diferencias constructivas. Rincón explica que la vivienda se encuentra a nivel de la calle y se adentra en el terreno, mientras que la bodega profundiza más en el subsuelo para conseguir unas condiciones de temperatura más adecuadas para la conservación del vino.
En el caso de Dueñas, el tamaño de algunas bodegas constituye una de sus particularidades. El presidente pone como ejemplo el inmueble cedido por una familia de la localidad para albergar el centro de interpretación de la Asociación. Según las escrituras de 1916, la instalación contaba con 14 cubas y una capacidad de unas 3.000 cántaras, equivalentes a alrededor de 46.000 litros de vino. “Pueden ser bodegas muy grandes, muy amplias para albergar mucho vino”, explica Rincón, quien destaca también las fachadas de piedra trabajada y labrada que presentan algunas de ellas. Son elementos que, a su juicio, contribuyen al valor patrimonial del conjunto y que deben tenerse en cuenta cuando se realizan obras en estos barrios.
La casa cueva familiar ofrece una perspectiva diferente, centrada en las condiciones de vida. Una parte de su interior mantiene la disposición original, mientras otra zona refleja su adaptación posterior como espacio de reunión. La intención de Rincón es que el visitante pueda observar ese cambio y entender cómo una vivienda humilde se ha transformado en un lugar desde el que explicar la historia local. Los aperos, los utensilios conservados y el horno forman parte de los elementos que suelen despertar el interés de quienes recorren la casa. “Les gustan mucho los detalles que se conservan”, afirma. A ello se suman los relatos que el propio presidente transmite durante la visita, con los que intenta acercar a los visitantes una realidad que conoce por los recuerdos familiares.
En la actualidad, el catálogo municipal reúne cerca de un centenar de casas cueva y el resto corresponde a bodegas, hasta alcanzar unas 265 construcciones. Para Rincón, ese número obliga a prestar atención no solo a los espacios que se abren al público, sino también al estado general de los barrios y a las intervenciones que puedan afectar a su conservación. Desde su creación, la Asociación de Bodegas y Cuevas de Dueñas ha participado en iniciativas destinadas a mejorar la protección de este patrimonio. Durante la elaboración del plan especial de urbanismo del municipio, la entidad presentó alegaciones relacionadas con las bodegas para intentar reforzar su defensa y evitar actuaciones que pudieran alterar sus características.
También ha seguido las obras ejecutadas en el carril de Vinateros, en las que estuvieron implicados el Ayuntamiento y la Diputación. Rincón explica que la Asociación contactó con ambas administraciones para trasladar la necesidad de emplear materiales adecuados y realizar las actuaciones con cuidado. “Hemos estado pendientes de intentar que se usen materiales adecuados”, señala. El presidente reconoce que esta labor resulta complicada, pero considera necesario que los propietarios y las instituciones tengan presente que los barrios de bodegas no son un espacio urbano más, sino un conjunto con particularidades que deben respetarse.
La preocupación se extiende a cuestiones cotidianas como la limpieza y el mantenimiento. La Asociación ha trasladado al Ayuntamiento problemas relacionados con la falta de papeleras y con los excrementos de los perros que algunos propietarios no recogen. Rincón entiende que la conservación patrimonial también depende de que el entorno se encuentre en buenas condiciones y de que se atiendan las necesidades de quienes utilizan estos espacios. La entidad dispone de un convenio anual con el Ayuntamiento de Dueñas, mediante el que recibe una subvención vinculada a las actividades culturales que organiza. Sin embargo, su presidente considera que esa colaboración no responde a todas las necesidades de la Asociación, cuyo trabajo va más allá de programar visitas o completar la agenda cultural municipal.
“No queremos que se nos tenga en cuenta como un gestor cultural”, reclama Rincón. La organización quiere que se valore igualmente su función de vigilancia, sus propuestas de conservación y su implicación en la búsqueda de soluciones para los problemas que afectan a los barrios de bodegas y casas cueva.
Uno de los proyectos que la Asociación quiere desarrollar es la recuperación de la bodega cedida por una familia de Dueñas para convertirla en un centro de interpretación con mayores posibilidades museísticas. El inmueble sirve ya para realizar actividades y explicar parte de la historia vitivinícola local, pero la entidad aspira a acondicionarlo para ampliar su función divulgativa. El presidente considera que la bodega reúne condiciones para llevar a cabo una intervención que permita explicar mejor la elaboración y conservación del vino y complementar el recorrido por la casa cueva. La Asociación también reclama un respaldo municipal más directo para acudir junto al Ayuntamiento a otras instituciones y buscar vías de financiación.
“Realmente es una bodega que merece la pena para actuar sobre ella, para musealizarla y hacerle lo que pretendemos hacer”, sostiene Rincón. La falta de recursos mantiene el proyecto pendiente, pese a que la entidad lo considera una pieza importante para consolidar la divulgación del patrimonio subterráneo de Dueñas.
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Más de 600 visitantes en un año
Mientras busca apoyos para avanzar en la recuperación de los espacios, la Asociación mantiene las visitas guiadas que permiten conocer tanto la historia vinícola como la vida en las casas cueva. El recorrido comienza en el centro de interpretación, continúa con una visita a la vivienda y termina en una bodega particular, donde se ofrece una degustación de vino artesanal. La actividad dura entre una hora y media y dos horas. Rincón suele encargarse personalmente de explicar los espacios, su evolución y las diferencias entre las construcciones. “Es una visita muy agradable que gusta mucho a la gente”, afirma.
Durante el año pasado, el centro de interpretación contabilizó más de 600 personas entre visitantes y participantes en las actividades, según los datos facilitados por la Asociación. El presidente se muestra satisfecho con esa respuesta y asegura que reciben llamadas de personas interesadas en conocer el conjunto. La organización, no obstante, se encuentra con dificultades para atender algunas solicitudes de grupos muy reducidos. En ocasiones, las peticiones corresponden a dos o tres personas, lo que complica organizar una visita con los medios disponibles. Pese a ello, la actividad continúa como una de las principales vías para acercar el patrimonio a quienes llegan a Dueñas.
La Asociación quiere que ese interés sirva también para impulsar una mayor atención institucional hacia las construcciones. El objetivo no es únicamente que las bodegas y las casas cueva se conozcan como reclamo turístico, sino que se entienda su papel en la historia de la localidad y se garantice su conservación. Rincón resume así una tarea que combina la memoria familiar, la divulgación y la defensa de un patrimonio que todavía necesita actuaciones. Las cuevas en las que vivieron generaciones de jornaleros y las bodegas que llegaron a almacenar miles de litros de vino permanecen en el paisaje de Dueñas, pero su futuro depende, en buena medida, de que el interés por conocerlas vaya acompañado de recursos para cuidarlas.

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