Imagen del accidente ferroviarioJOSÉ AYMA | EL MUNDO

Creado:

Actualizado:

El terrible accidente ferroviario de Urda (Toledo) lo cambia todo en esta campaña tan indescifrable como enloquecida. Aunque eso sea lo de menos. Pero la política en este país es tozuda y empecinada en tropezar con la misma infamia. España es la única democracia civilizada en la que los políticos son capaces de usar a los muertos, a nuestros muertos, para estampárselos al contrario. No puede existir nada más rastrero en política. La prudencia es sólo una vecina de un pueblecito de Aliste que hace unas patatas con costilla bárbaras. Veremos cómo con el paso de las horas y con la rabia a flor de piel por tanto dolor y tanto luto la política va adentrándose sin rubor en esos vericuetos en los que no legisla el respeto y la memoria de los muertos. Irá cogiendo intensidad. En una y otra barriada. Aquí es donde la política no tiene credos ni colores. Toda es fango. Mires donde mires. Los muertos sobrevenidos en una tragedia nunca deberían ser elemento de debate político. El luto nos asiste a todos. Las lágrimas nos empañan por igual. Desviarse del dolor pensando en el 29-N conduce al túnel de los horrores de nuestra política inminente. Esa que atiende más al ruido de las redes sociales que el silencio de una sociedad enlutada. La tristeza nos invade. El dolor nos bloquea y la rabia nos golpea. La política se hace grande cuando sabe mantener el tipo del respeto y la prudencia en medio de tanto horror en nuestras vidas. Primero los muertos. Luego la política. Nunca al revés. Nunca más. No preguntes por quién doblan las campanas. El tiempo procesal de las responsabilidades llegará. Hasta lo inexplicable debe tener consecuencias políticas y jurídicas. Pero aún no. Y tienen que llegar implacables. Pero aún no. Toca el respeto a la memoria de las víctimas y al dolor de los suyos. Hasta que el luto se torne en carne de campaña. Si los muertos valen votos, los votos valen nada. Ojalá me equivoque y los muertos no sean ni excusa ni argumento. Ojalá. Doblan por mí.