Diario de Castilla y León

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Veinte años casi redondos, como los veinte del tango que no eran nada pero a la que te descuidas te has hecho viejo cantando y contando. Veinte anualidades de laberintos burocráticos como pocas veces se han visto. Veinte añazos son los que han transcurrido desde que en julio de 2006 se publicó en el boletín oficial de Castilla y León el Plan Regional de ámbito territorial para el desarrollo del Parque Tecnológico de Burgos. Pero es que, desde años antes ya se habían anunciado públicamente los planes de dotar a la capital burgalesa de una reserva de suelo industrial diferenciada de perfil tecnológico, que sirviera de complemento al suelo convencional de los polígonos de Villalonquéjar y Gamonal-Villayuda. En concreto era marzo de 2003, cuando la Junta hizo públicos sus planes y puso la mirada en los terrenos de Cardeñajimeno que tantos problemas dieron después. Casi acabábamos de estrenar el milenio y aún no nos habíamos aconstumbrado a pagar en euros y ya gastábamos tinta y papel glosando las oportunidades que se abrían para una ciudad tan industrial e industriosa con un nuevo polígono que quería ser la punta de lanza de la apuesta autonómica por la innovación tecnológica. Pues veinte años después, tal día como mañana salen a la venta las primeras parcelas. Ha costado más que las pirámides de Egipto, pero el parque tecnológico de Burgos se pone en marcha ya, aunque sea por la puerta de atrás, ya que la inminente campaña electoral desaconseja realizar una inauguración como Dios manda. Añadiría que la prudencia también aconseja no excederse con la celebración, no se acabe como algún ministro, inaugurando tramos de la alguna autovía con aún más retrasos que el tecnológico burgalés. Ya iremos viendo si finalmente esta nueva superficie industrial viene a explotar el tan respaldado polo de desarrollo de las tecnologías del hidrógeno del que Burgos es cabeza de puente hacia el futuro o si, finalmente, encuentra otra orientación. Burgos, aunque no lo parezca por su enorme desarrollo de suelo industrial en el entorno de la capital, se está quedando sin parcelas para que se establezcan nuevas empresas, siempre bienvenidas, y hace falta desarrollo urbanístico para a corto y medio plazo poder poner más suelo a disposición de los posibles inversores, sean los que ya están aposentados en la ciudad o aquellos que puedan llegar en los próximos años, incluidos quienes den servicio a las compañías tecnológicas que se asentarán en el nuevo parque de la Junta. Ojalá que no se pasen otros veinte años hasta que se inaugure un nuevo polígono en la ciudad.

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