Diario de Castilla y León
Pedro Sánchez y Óscar Puente

Pedro Sánchez y Óscar PuenteICAL

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Lo cierto es que con la ausencia de Zapatero, que era la joya de la corona electoral del Sanchismo, el ministro Óscar Puente se ha convertido en el gran catalizador de la movilización socialista. El resto de nómina ministerial tiene menos capacidad de sugestión que una película iraquí subtitulada. Pero lo del amor se le ha ido de las manos. Decir que el PSOE es el partido del amor, con los cadáveres de Ábalos y Tito Berni todavía calientes, es un delirio en toda regla. Decir que son el partido del amor después de haber puesto de patitas en la calle al que fuera secretario autonómico durante diez años. Amor, lo que se dice amor por el PSOE, cuentan que Tudanca no es exactamente lo que transmite después de que lo hayan descabalgado de los billetes tras 20 años viviendo del cuento de la política. Amor, precisamente amor, no es lo que se profesan el alcalde de León, Jose Antonio Diez, y el barón de la baronía leonesa, Javier Alfonso Cendón. Será otra cosa, a la que Puente le podrá poner nombre, pero que no le llame amor, como dice la canción, que le llame obsesión. Ese amor de partido se les rompió en Palencia, donde la militancia no entendió el flechazo de Ferraz con Mariluz Martínez Seijo, que dejó al pobre Álvaro Bilbao sin Día de San Valentín al Congreso. Y fue cuando los otros dos que le acompasaban en la candidatura dimitieron de nada porque nada iban a sacar de las urnas. Para que quede meridiano, en política la dimisión creíble es la que se hace de los billetes, como por ejemplo hizo Juan García Gallardo cuando renunció a los 105.000 euros de las Cortes por desavenencias irreparables con su partido y sus dirigentes. El resto es puro postureo. El amor en política se mide en billetes contantes, sonantes y de curso legal. Así que ya puede dejarse de zarandajas Óscar Puente, porque lo del amor no ha calado entre mortales y contribuyentes.

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