Diario de Castilla y León

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Del sainete de las listas electorales para el Senado por la circunscripción de Burgos se pueden sacar ya dos conclusiones, que no se ha acabado la función y que el ridículo sobre el escenario no se esfuma por mucho que aplauda el público de atrezo. Con el espacio destinado al mitin de precampaña en el Fórum Evolución de Burgos lleno de entusiastas y cargos públicos socialistas, dando palmas al son de la música mucho antes de que el líder del partido de la rosa y del amor llegase -con retraso y escuchando a la cantante Lali por el camino-, nadie parecía echar de menos al elefante en la sala, como suelen decir los estadounidenses. No es otro que el gran ausente, desaparecido porque lo han quitado del medio en un ejercicio de democracia interna de la que vendo pero no ejerzo. Tudanca, Luis, no estaba ni se le esperaba en el nuevo desembarco de Pedro Sánchez en Burgos, que es una plaza a la que el secretario general del PSOE ha acudido con frecuencia en periodos electorales. Al exsenador, defenestrado por designio del líder, le queda el consuelo de haber sido capaz de meter en un brete al Partido Socialista de Burgos al completo. Desde el que abre la puerta al que reparte las chapas de campaña. Al suelo que vienen los nuestros. Sin horizonte político alguno a la vista, su penúltimo coletazo ha sido depositar una mina antitanque que la líder provincial socialista, Esther Peña, ha activado de tan fuerte que quiso pisar para dejar claro que a ella no la pisan. Pasapalabra y que la autonómica y la federal me cojan confesada. Los cantos de sirena demoscópicos no traen buenos augurios para el PSOE y tampoco en Burgos donde ya hay quien recuerda otros tiempos en los que unas elecciones se llevaron por delante a la plana mayor del partido. Aquellos líderes, Laborda y Julián Simón entre ellos, se hicieron a un lado para proceder a la reconstrucción y una gestora con trazas de cortacesped se las vio y deseó para evitar la autodestrucción. Eran otros tiempos, como decía, y en esta época tengo serias dudas de que alguien fuera a dimitir por muy malos que se den los resultados electorales, pero también de si alguien será capaz de levantar la voz para pedir responsabilidades y un tiempo nuevo con otro liderazgo. Más bien harán de la necesidad virtud y apelarán al liderazgo de la dirección socialista actual y el respaldo de la militancia y la ejecutiva federal. Todo para seguir al frente y no tener que abrir un proceso de renovación en el que se les puede volver a colar un submarino como Tudanca en la casa de los líos. El de Capiscol, el elefante en la sala del Forum que ayer abarrotó Pedro Sánchez, no tiene otra cosa que hacer ahora que la política le deja a un lado y la ociosidad es la madre de todos los vicios. Lo mismo le da por ser francotirador en X, lo que era antes Twitter, como su mejor amigo del partido naranja.

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