Diario de Castilla y León

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Es sorprendente saber que los castellanos y los leoneses que habitamos y participamos en nuestra comunidad autónoma también estemos posicionados en el eje de ese insólito universo de los ciberdelitos, ya que en los últimos meses se cuentan por miles los que ya se han cometido en Castilla y León.

Sin duda ahí están representados los desconcertantes progresos delictivos, y quizá esos otros progresos que nos vinculan a la vanguardia más brillante y fastuosa de todas las vanguardias. Y, por lo tanto, ambas condiciones –una positiva y la otra negativa– afectan a la evolución y al desarrollo que los habitantes de esta tierra hemos de abordar con cuidado y mucha precaución; para que no lleguemos a ser, cualquiera de estos días, víctimas afectadas por este tipo de argucias que nacen, muchas de las veces, de la excesiva confianza que ponemos ante determinados asuntos que nos son desconocidos.

Por eso y porque somos hijos de una tierra antigua que está llena de remotas sabidurías no hemos de olvidar nunca que los viejos refranes castellanos aún siguen tejiendo ejes de reflexión que habrán de ayudarnos a ser precavidos ante situaciones adversas y nunca bien clarificadas, porque la verdad de las verdades radica en no desconfiar de todo lo que a través de las redes se propone , pero sí en saber que todo lo que hagamos va a tener consecuencias y que «a perro que no conozcas, nunca le espantes las moscas», pues en esta conseja y otras muchas hay erudiciones ancestrales que nunca deberíamos de olvidar.

Y es que todo ese maremágnum de delitos y de inseguridades ha de llevarnos a entender que la delincuencia que nace del ciberespacio nos llegará plenamente, aunque en ocasiones imaginemos que estamos libres de que nos toque a nosotros. Porque la ciberdelincuencia ha venido para quedarse y compartir su espacio con los que aquí vivimos y a buen seguro querrá acecharnos desde recónditos escondites... Y todo esto seguirá sucediendo a pesar de que tiene su sede en León el Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe), y que, de alguna manera, pudiera parecernos que esa cercanía debería de ofrecernos más confianza.

Castilla y León se ha vinculado, a lo largo de los siglos, con azarosas cuestiones que han marcado pautas del progreso que ha llevado a que esta tierra sea y haya sido eje dinamizador de España y lugar de nacimiento de un idioma con el que también ahora nos engañan. Pero la sabiduría que se incrusta en el pasado ha de servirnos para entender que hemos de continuar siendo visionarios de un universo cambiante que, sin duda, ofrecerá progreso y, junto a él, nuevos cauces de raíz picaresca. Aunque con Lázaro de Tormes hemos de seguir aprendiendo a base de engaños y algunos coscorrones.

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