TIERRA ADENTRO
Lubricán
Estaba yo pensando lo tontos, muy tontos, que somos en otoño cuando recordé la tontuna que movilizó a cientos de miles por apenas unos segundos de eclipsamiento. Vale que lo del eclipse fue espectacular, pero duró un suspiro. Todos los días cuando amanece y cuando se pone el sol, gratis, al alcance de todos los españolitos del urbano y del rural, podemos asistir al espectáculo de la vida. El sol y la luna no discuten por su sitio en el cielo. Cada uno va por su cuenta y cada día se dicen adiós en un decorado indescriptible. Os podéis imaginar que estoy hablando del ocaso, del crepúsculo, de la puesta de sol. El atardecer tiene más de romántico. Solo los enamorados saben bien lo que quiero decir. Son minutos de auténtico éxtasis. Por lo tanto, insisto de nuevo en que si bien hemos sacado jugo y exprimido el mundo starlight, las lágrimas de San Lorenzo y todo eso que tiene que ver con los dominios de la Osa Mayor, incomprensiblemente no hemos sacado jugo a la puesta de sol. Apenas unos pocos sensibles y vivillos dentro de la hostelería saben sacarle brillo al crepúsculo. El amanecer, mejor no tocarlo, pues aunque es la misma sensación de espectáculo, tiene que ver con el inicio de la jornada y algunos todavía no se han echado el colirio para ver bien. En los últimos tiempos hemos aprendido que en esta región tenemos abundantes llanuras y valles y sistemas montañosos con mínima o nula contaminación lumínica, lo que viene a decir dos cosas: o bien que no hay luces de casas porque no vive ni Dios en el entorno o que las ciudades andan lejos del contador de luminarias. Aclaro que no son las de San Bartolomé de Pinares. Y en estas estaba servidor, enredando en el trastero de las palabras, buscándole sinónimos y argumentos a la romántica e impresionante estampa de la puesta de sol, cuando entre las palabras afines apareció un guiño literario que significa crepúsculo y ocaso. La palabra es lubricán. Sí, viene en la RAE. Aunque ya no me levanto a ojear los papeles de nuestra tricentenaria Academia de la Lengua. La Real. Cambié de pantalla y me enteré de que unos cantantes onubenses que comparten la sonoridad de Lubricán. Claro que seguí insistiendo en su significado. Por supuesto, Wikipedia. Uno no es todavía de la generación de la IA. Pero estoy en ello. En fin. Cuál fue mi sorpresa que descubrí que lubricán, a pesar de su referencia literaria de la muerte del sol, tenía un significado pastoril. Resulta que se refiere al momento del día en el que hay muy poca luz y los pastores no pueden distinguir a un lobo de un perro. Y claro, recordé que hoy mismo el rey Felipe VI visita por primera vez África española. Y es que en Ceuta, los ceutíes saben muy bien, cuando llega el ocaso, quiénes son los canes y quién es el lobo. Se llama Marruecos.