Diario de Castilla y León
Esther Peña y Luis Tudanca en una foto de archivo.

Esther Peña y Luis Tudanca en una foto de archivo.ICAL

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Quiere seguir viviendo del cuento Tudanca, Luis. Pero como el cuento se le acabó en las Cortes y no le renovaron su puesto satelital de senador autonómico, ahora está empleándose a fondo para que lo incrusten en las listas de Burgos. A ver si consigue ser senador por Burgos desde Pamplona y tira otros cuatro años a cien mil anuales sin pegar un palo al agua. Es el sueño seco de cualquier español de bien. Dice la Wikipedia que no se le conoce oficio ni trabajo alguno fuera de la política. Así lleva una veintena larga de años, enganchando puestos y cargos y llenando la faltriquera a costa del sudor del contribuyente, Gordo de lotería de Navidad aparte, que también se embolsó con un grupo de colegas. Decían sus más cercanos que fueron 250.000 de vellón los que le tocaron aquella Navidad. Como si no tuviera suficiente con la lotería de las Cortes. Su Nescafé particular: un sueldo para 11 años por no hacer nada, dietas del partido camufladas aparte. El burgalés lleva a gala el famoso eslogan del afamado gitano de Cacabelos: «Trabajar y morir, lo último». Su idea es no quedar descolgado en este corte, que puede ser el último del Sanchismo, para luego ‘encamarse’, orgánicamente hablando, con los Page, los Barbón, y otros barbos, y así seguir amarrado al machito con sueldazo público. ¿Y no habrá probado a trabajar? Con lo que eso dignifica a la persona. Él que siempre fue un digno de tomo y lomo, repartiendo moralidad a diestro y siniestro. O por lo menos a buscar trabajo en la ciudad en la que vive, Pamplona. Seguro que si lo busca lo encuentra en una tierra, la navarra, tan próspera. Claro que es un riesgo buscarlo. No sea que lo encuentre y a ver qué hace el gachó. No es cuestión de romper a sudar ahora que está cerca de darle la vuelta al jamón. Porque de la paletilla ya ha dado buena cuenta. El Senado le gusta. Un sitio en el que no hay casi ni que ir, como cuando estaba en las Cortes de Castilla y León, que se iba al gimnasio del Palero.

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