Diario de Castilla y León

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¡En qué estaría pensando! Al ver un vídeo hace unos días –de los que ponen en internet para que piquemos los vitrocerámicos–, caí en la trampa y pinché. Gran chasco. Pensé que se trataba del tirano Sánchez, ya que se anunciaba a todo color, y en letras mastodónticas y descomprimidas, que parecían una amenaza colectiva: «hay que ganar por las malas». Pues no. Se trataba de Sancho –Danielito–, ese cocinero exquisito que –desde la trompa de Falopio a los juanetes– trinchó en porciones minifundistas a Edwin Arrieta en un plato de ducha. El niñato le insistía a su mamá en lenguaje canallesco que había que comprar a los jueces tailandeses por cien mil euros y por las bravas. Total, que me lo tragué, y comprendí que de Sancho a Sánchez, o viceversa, fluye el mismo lenguaje delictivo.

Aceptada la palabra traidor como hipótesis de trabajo en lenguaje sanchista –«me gusta ser traidor», confesó aquí mismo el lunes pasado–, hoy, con las elecciones convocadas para el 29 de noviembre, no queda otra que incidir en las palabras y en el lenguaje que sustentan este golpe a la democracia española, que sigue perdiendo el tiempo en genealogías imperiales de relleno. Cuestión capital, pues en este lenguaje sanchunero & rufianesco todo sobreviene por añadidura. Puro evangelio trastabillado. Este tirano en ejercicio nos ha demostrado que el lenguaje es en él una penetrante daga florentina o una Anunciación de fra Angélico. Algo que señalan con precisión los Salmos y Proverbios: «la muerte y la vida están en el poder de la lengua». Y algo que repiten todos los místicos, y que vociferan con ganas los tiranos y traidores por las malas.

El somero análisis lingüístico resulta interesante y desolador. De las tibiezas de antaño, se ha pasado, prácticamente en unos días, a la franqueza de un «frente popular» –según el propio tirano– especulativo y sin fomentos, al que hay que poner nombres sin más pérdida de tiempo. Ya lo hizo desde el primer día en el ejercicio del poder: esto va de progresistas o de fascistas. Dos terminologías caducas de un obsoleto siglo XX. Pero este tiro al blanco ya lo diseñó Stalin de una manera práctica, inmisericorde. Te juzgaba y te condenaba a muerte por ser tibio. Así que le lenguaje y el juicio, facilísimos de entender, se centraban en un hecho intolerable en dialéctica marxista, y que afectaba a millones de tibios: la tibieza es un grave delito. Lenguaje para proscritos. Con Sánchez también, y en un pispás: progresistas a un lado, y fachas al otro por las malas.

Pero esto sucedió al principio de los tiempos. Como ya no funcionaba por sonar a melopea casposa, a invasión ceutí, y a inferioridad mental, el nuevo lenguaje sanchunero –el que se emplea para definir qué eres o cómo quieres que te perciban– ha cambiado de terminología. Ahora mismo los progresistas se han llenado de «gente», y el facherío de «especuladores». La gente, que es como decir progresista, son ellos. ¿Y los especuladores? Pues usted o yo, mismamente. Esta simpleza, que decide las consignas del nuevo lenguaje para asaltantes, pasa por Cataluña y Bildu –independentistas y herederos de ETA– como argamasa de la anti España, y son ellos. Nosotros somos los nuevos judíos por liquidar. Genocidio democrático. Nada que ver con la verdad, pero los buenos son la gente. Ayuso, que vive en alquiler, es la gran especuladora. Mientras, los especuladores del lenguaje palaciego, ellos, te ponen las banderillas por las malas.

Bajo el paraguas protector del palabrero populista y comunistoide, y cuando todo parece amarrado –Tribual Constitucional, Fiscalía General, y la ley de nietos–, el tirano ha convocado elecciones porque «es hora de que el Parlamento se parezca más a la calle y no a quienes viven en los aticazos». O sea, a la gente. Previo a cualquier consideración me pregunto: ¿seré gente? Creo que no. Me pasaré por Sol a ver si alguien me da el carnet de gente. Lógico. Como la verdad es un pirulí envuelto en un WhatsApp con muñequitos, qué quieren que les diga, pues que estoy en los límites del lenguaje ilícito que señalaba Wittgenstein. Como Maricarmen está en Sol, en el BOE, y ya al lado de Dios Padre, ¿a dónde coños va Vicente? Donde va la gente. Así que vamos de cabeza a esta elección plebiscitaria por las malas.

Quien de verdad, y por las malas, va a esta elección plebiscitaria, con las peores artimañas y adobes del diccionario, es el tirano. ¿Cómo? Con todos los artilugios de alguien que opera como una mafia legalizada. No sólo prescinde del Congreso con el pasamontañas de una di putación permanente o moldeado liso, sino como una asociación criminal en abierto o lenguaje de puteorita. El hecho flagrante se desvela con la juez Biedma, chorreando criminalidad en banzos consecutivos y sangrantes. Primer paso: «a palos aprende el burro». Segundo escalón: como esta tipa «es un grano en el culo», hay que sajarlo con bisturí sin anestesia. Tercer estadio: «hay que eliminarla». Cuarta estancia en una sauna turca con taparrabos: eliminarla significa «matarla». O sea, que este PSOE sanchunizado, es una banda criminala, criminalo, o criminale, en busca de gente con un culombio o QR de Frente Amplio.

Tras este encebollado de lenguaje crimonoso y de mafia en escabeche, nos espera el árbol del ahorcado para 29 de noviembre. Prohibido hacer preguntas, ser propietario de cualquier reflexión o cuartucho, y revisar el lenguaje con razones analíticas. El tirano se viste ahora de Rey Mago, porque los niños aman a los Reyes Magos, y porque Maricarmen es el Rey Mago de la gente. Como aún no he recibo por Amazon el pasaporte de gente, sigo con mi vocabulario ilegal por las malas: delenda este tyrannía.

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