Diario de Castilla y León

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De traca. Entre Gómez & Sánchez, Sánchez & Gómez, transita el negocio de la política socialista, ya en la corte de los milagros de Moncloa o en la sucursal de Castilla y León. Quien no se apellide Sánchez o Gómez, pinta menos que un papamoscas con la boca cosida. Y menos en estos momentos tan críticos en los que la izquierda es una inmensa manifestación de plañideras, mesándose los cabellos por la muerte de Maricarmen. Descanse en paz. Lógico. Allí donde el rey y la reina van y hablan, ahí va la corte otorgando, otorgando… Lo demostró el miércoles su señoría Patricia Gómez, que es viceportavoza en las Cortes de Castilla y León. Se le ocurrió señalar a su señoría, David Hierro, que Sánchez era «un psicópata» de tomo y lomo. Como una furia engomezida, dijo doña Patricia que eso era una injuria, según el artículo 208 del código penal.

Sin ánimus abutendi o de abusar, señoría. No sé si en su pueblo ocurre como en el mío. Cuando a alguien le ponen un mote, puede darse por jodido. Lo llevará el resto de su puñetera vida, le guste o no. Forma parte del paisaje. A servidor, mis alumnos me pusieron Miserias, y con este sambenito me moriré. Al tirano de la Moncloa, y perdone si la ofendo –yo tampoco pienso retirar la chapa–, el calificativo de «psicópata», o que un tornillo de la mente anda flojo, es un alias prodigioso, al que hemos recurrido en la prensa, cada dos por tres, y con motivos fundados. Independientemente de esto –¿quiere que le recuerde otros nombretes que acompañan a su jefe cada vez que aparece en público?–, creo que su enfado está fuera de lugar. En el diccionario sanchista la palabra «psicópata» ha sido suprimida del diccionario por la de psicodélico, o sea, alucinatorio, fantástico, guay.

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