LA SOLANA
Marihuana que se marchita en Soria
Primero se marchitaron las rosas y se arrancaron las plantas y ahora es la marihuana la que mustia en Soria. Es la historia de varios fracasos a raíz de un proyecto esperanzador con instalaciones punteras. Lo que fue Aleia Roses, con un moderno invernadero en Garray para cultivar rosas y competir con los holandeses, que casi son un monopolio, desembocó en un proceso concursal que terminó con la liquidación de la empresa y la venta de los activos a un fondo inversor norteamericano. Las instalaciones en las que se invirtieron más de 65 millones de euros y que llegaron a albergar a casi 400 trabajadores se vendieron por algo más de 6 millones de euros para pagar la deuda con la Seguridad Social y una parte de la de otros acreedores. Había satisfacción porque se prometía recuperar a más de 250 trabajadores e introducir un cultivo novedoso, marihuana (cannabis) para uso medicinal. En la transición, se mantuvieron las rosas pero el resultado comercial fue nefasto y se arrancaron para apostar por el cannabis directamente. El problema estaba en las licencias y en los plazos para conseguir los permisos para un cultivo necesariamente muy controlado, que eran sospechosamente optimistas. La realidad es que se ha tardado más de 5 años y quien compró barato dejó hace tiempo de tener dinero para producir. Así que las instalaciones de Garray de nuevo están en concurso, aunque un mes después todavía sin administrador concursal. Y está a la venta. Las instalaciones siguen siendo atractivas y, si se quiere seguir con el cannabis, los permisos se pueden revalidar más rápidamente. Lo relevante es que, si alguien se hace con las instalaciones, no venga con el dinero justo para comprar la ganga y luego no sea capaz de desarrollar su proyecto por falta de liquidez. El de Aleia Roses acabó en fracaso, pero no por falta de inversión, que fue elevada. En el segundo proyecto pronto se vio menos capacidad o voluntad inversora. Es cierto que la deuda es menor, porque también la actividad ha sido menor y ahora quedan menos de 30 trabajadores, que no cobran. Ojalá llegue alguien con capacidad para continuar con el cultivo o introducir otro nuevo, porque la tecnología instalada en Garray sigue siendo puntera y dejarla marchitar como a las plantas que ha albergado sería una pena. La herencia de Aleia Roses es buena y apetecible y ahora los permisos del cannabis medicinal, también, pero todo se perderá definitivamente si caen en manos de cazadores de saldos sin músculo financiero. Si el concurso acaba en liquidación el objetivo del administrador será cubrir el máximo posible de deuda aunque tenga que malvender, por lo que se mirará menos la calidad del que compra. Lo deseable es que alguien compre antes y tenga planes sensatos para que no haya plantas marchitas.