Diario de Castilla y León

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Desbarajuste. Con 22 días de diferencia, el Tribunal Superior de Castilla y León ha confirmado una nueva sentencia. Lo refirió este periódico en portada y en la página 4 del jueves 1 de octubre: «Condenan a 14 años de cárcel a un hombre por agresión sexual a la hija de 9 años de unos amigos». Del violador, que yo sepa, no se ha revelado ni el nombre ni las iniciales. Crimen sin nombre es medio crimen, y sobre todo una injusticia hacia las víctimas. Así sucedió al final de la II Guerra Mundial, que se disfrazaron los crímenes más abyectos con la palabra genérica de «genocidio».

El 9 de septiembre, el Alto Tribunal ratificó la sentencia contra José Luis Novoa, que asesinó a Sergio Delgado. Un juicio mediático lleno de contradicciones, de extralimitaciones del juez que reconoció la Fiscalía, y de una inhumanidad flagrante y ofensiva hacia las víctimas.

Esta artillería ya la solté aquí en varios artículillos, y no repetiré ahora la misma argumentación. Sólo resaltar que para el Alto Tribunal, que reside en Burgos, hay crímenes y crímenes, según se deduce de estas dos sentencias que ratifica. Hay un corporativismo que, de entrada, siempre da la razón al colega magistrado. Si el crimen incluye la muerte violenta –como fue el caso de Sergio Delgado–, la ratificación es la consecuencia aberrante que recoge el derecho romano: «Nadie debe ser juez en la propia causa». Es decir, que no vale ser rejuez de juez y parte de parte. Así sucede, que los años de pena se convierten en una especie de broma. Al asesino de Sergio le caen 4 años de cárcel, y al violador 14 años. Al respecto, Cicerón avergonzó a ciertos jueces con esta andanada: «Los criminales quieren ser castigados con una arma más fuerte que la del ridículo». Con justicia.

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