Diario de Castilla y León

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Los tiempos de la política y de los políticos son eso, los tiempos de la política y de los políticos. Y sino que se lo digan al Procurador del Común y a los presidentes del Consejo de Cuentas, del Consultivo y del Consejo Económico y Social, ya saben eso a lo que se le da en llamar instituciones propias de las Cortes de Castilla y León, sí ese mausoleo, le pese a quien le pese es un mausoleo, que se asienta en la avenida Salamanca de Valladolid. Cuatro instituciones propias que vienen sumando prórroga tras prórroga a sus mandatos caducados, por mor de esos tiempos de la política y de los políticos. Bien pensado, para el caso que les hacen estos políticos a sus instituciones propias pueden tenerlos en prórroga indefinida hasta su jubilación. Sonrojar no se iban a sonrojar.

Está prórroga sin sentido en el cargo de los cuatro de las instituciones propias es un ejemplo más de lo poco o nada que les importan. Los ven como esos que, de cuando en vez, se dan una vuelta por el mausoleo de la capital vallisoletana a presentar, no sus respetos, que también, sino sus informes, esos a los que nadie hace caso, y sanseacabó. Hasta ahí. Después, cada uno a sus aposentos y, a ser posible, a no molestar mucho con resoluciones innecesarias.

Y en estas llegan los del PSOE y del PP y, para hacer que hacen y que realmente sí que les importan los cuatro propios de las instituciones del mismo nombre, van y registran la continuidad de Tomás Quintana como Procurador del Común. Sólo una pregunta, ¿para esto hacia falta tenerlo interino cuatro años en el cargo? Es una broma y un insulto del que se salvan porque los cuatro propios a los ciudadanos le importan lo mismo que a los políticos que los sustentan. Y eso que en el caso del Procurador del Común, como Defensor del Pueblo, los castellanos y leoneses depositan una cierta confianza, a la vista de las quejas que le envían con la idea de que sirvan para que aquello de lo que se quejan pueda solucionarse. Aún no son conscientes de que, en su mayoría, las resoluciones que motivan sus quejas, que no las quejas en sí, caen en el saco roto con mil orificios de la administración a la que se dirija. Claro que, dicho lo dicho, el abuso del Procurador del Común puede producir el efecto contrario. Y es que ni todo vale para la queja, ni todas las quejas merecen un informe o una resolución. Abusar de ellas corre el riesgo de producir el efecto contrario. El Procurador del Común tiene otros cuatro años para meditarlo. Y es que a Quintana el PP y el PSOE ya le dejan decir aquello de Joe Rigoli de ‘yo sigo’. Los otros tres propios, a esperar tocan.

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