Diario de Castilla y León

Editorial

La regularización reafirma la fuerza que otorga la inmigración a CyL

Un operario en la campaña de vendimia de una Denominación de Origen de Castilla y León

Un operario en la campaña de vendimia de una Denominación de Origen de Castilla y LeónICAL

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La regularización de inmigrantes es un proceso que no debe escandalizar a nadie con dos dedos de frente. Sobre todo en política. Se han hecho unas cuantas en las últimas décadas, promovidas por gobierno de uno y otro signo, de los dos signos que han gobernado este país. Eso que se llama bipartidismo y que ofrece estabilidad y certeza, en vez de zozobra, griterío e inestabilidad.

Pues en Castilla y León desde que se puso en marcha la regularización la afiliación a la seguridad social ha crecido un 20%. Una auténtica barbaridad. El doble que la media nacional. Es decir, sirve para sacar de las cavernas una buena parte de economía sumergida. Sirve para dotar de derechos a extranjeros que, en su inmensa mayoría, vienen a nuestro país a trabajar, a integrarse y a buscar un proyecto de vida, alejados de la miseria, la pobreza y la opresión.

Y además ese incremento de afiliados extranjeros, que superan los 20.000 desde la regularización, aunque no todos sean achacables a ese proceso, se reparte entre todas la provincias de nuestra comunidad, con especial significación en Segovia. Segovia, por su cercanía con Madrid, se ha convertido en una locomotora de la economía regional. Así lo certifican datos como el del incremento de afiliados extranjeros, las tasas de paro y el lastre de la vivienda. La ciudad del acueducto es una de las que más han subido tanto los pisos como los alquileres, porcentualmente, en el conjunto del país. A Segovia la ha cambiado, sin duda, el AVE. Como la falta de comunicaciones modernas arrincona cada día más a territorios como Zamora, Ávila y El Bierzo. Esos constantes desequilibrios que están en el talón de Aquiles de la cohesión de Castilla y León desde hace lustros y que los políticos no acaban de afrontar con determinación. Porque eso es también desigualdad. La misma que genera el modelo de financiación contra el que brama el gobierno de Mañueco, con toda la razón, que prima a Cataluña, mientras otros, como a nosotros, nos dejan las migajas de los pobres, como si esto fueran los tiempos de la postguerra, con señoritos y lacayos.

La inmigración no sólo es buena para Castilla y León. Es necesaria. Es imprescindible. Es el único argumento de política realista contra la creciente despoblación. Esa que no se va a atajar, por muchos teóricos que nos envíen y muchos planes inútiles que confeccionen. Pero se puede amortiguar, especialmentne en cabeceras de comarca. El resto del mundo rural será cada día más un parque de atracciones para invasores de veraneos, fines de semana y puentes festivos. No se hagan trampas al solitario.

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