Diario de Castilla y León

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Espero de corazón que el pequeño berrinche de nuestro gobierno regional por el resultado del ‘Programme for International Student Assessment’ [en el que ya no somos primeros, sino segundos] se le haya pasado. Una cosa que se puede pronunciar como PISA evoca algo que se cae. Prefiero el nombre largo y anglosajón que evidencia un tinglado de ingenieros sociales globalistas para controlar a ingenieros sociales pequeñitos, antes conocidos como maestras y maestros (a Dios gracias, todavía queda alguno). Los ‘peda-gogós’ de PISA quieren, ahí es nada, comprobar la capacidad de nuestros adolescentes para solucionar problemas en el mundo real, cosa que no ha ocurrido desde que existen las hormonas. Con todo, a los 15 años se tiene sentido común suficiente para saber que muchos responsables de PISA serán sustituidos por IA. Los examinados saben que sus examinadores también tienen problemas con el mundo real.

De todas maneras, con PISA o sin PISA, el tiempo da una perspectiva positiva y la educación ahora no se concibe como tortura. Hace más de medio siglo, la primera educación de este servidor de ustedes estuvo en manos de los pescozones de las Hermanitas Ciruela, que no sabían leer, pero vaya si tenían escuela. Luego vino un colegio de curas que jugaban a la pelota vasca y calentaban en la cara de los alumnos con padres menos influyentes. Mis padres, pobres, me metieron allí por lo del ascensor social, y resulta que me llevó al sótano del instituto del barrio, donde los profesores tenían grandes ideales de clase obrera, pero giraban la cabeza con ademán aristocrático mientras los matones te apaleaban. Me aficioné a leer y no me motivó ningún maestro de Lengua. La culpa la tuvo el estoico Oscar Wilde, que tras ser arrastrado hasta un monte y recibir una somanta por parte de sus compañeros se puso en pie y observó: «Caballeros, desde aquí hay una vista magnífica». PISA no significa nada en el aprendizaje de uno en la vida y no evita que a un alumno le pisen. Y evitar eso es lo más importante en un centro.

El Gobierno de lo que queda de España y portavoz de Occidente manifestó su preocupación por la caída de PISA ante el Oriente. Siempre ha sido así. Nuestros griegos ya intentaban el equilibrio entre la necesaria enseñanza de artes y oficios y el esfuerzo por perfeccionar el carácter y la virtud y, en palabras de Aristóteles, realizar «un noble uso del ocio».

Aprendamos siempre. En el ejercicio de ese noble ocio, iba a asistir al concierto de Rusowsky en la plaza Mayor de Valladolid, impelido por la otrora prestigiosa revista Rockdelux, en donde le defienden como un genio nacido en mi ciudad y cuyo talento –basado en una sólida formación clásica y la experimentación– se me había pasado por alto. Unas horas antes, azorado por mi ignorancia, me puse unos temas suyos. Menos mal. Me encontré con composiciones conductistas, letras que abolían a Valladolid como el lugar donde se habla mejor español y con las que intentaba convencer a su perrita de que su gorilita le dejara dar un repaso de «equidad, inclusión y valores transversales», tal como reza la Lomloe. Para nuestro descargo, averigüé que la criaturita nació en Valladolid pero se crio en los madriles. PISA con garbo, chaval. Eres un maestro. De los que se sufre, pero se aprende cómo va la cosa. A él fueron a verle una muestra mayor que los 2.000 que respondieron en Castilla y León al informe PISA. Para solucionar problemas en el mundo real hay que tener en cuenta también el informe ‘Pisha’.

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