La Educación sigue siendo una de las joyas de la corona de Castilla y León

Vuelta al cole en Valladolid
La educación sigue siendo una de las joyas de la corona de los servicios públicos de Castilla y León. Así lo certifica el informe PISA, pese al descalabro generalizado en el país. Y esto no quiere decir que seamos el rey tuerto en el país de los ciegos. Quiere decir que nuestra educación está muy por encima de la media nacional, a enorme distancia de algunas grandes y poderosas comunidades en recursos económicos y parejos a Madrid, que es la campeona del informe. Pero también dice que estamos considerablemente por encima de la media de la eurozona y de los países de la OCDE en el ranking de ciencias, comprensión lectora y matemáticas. También dice que no hacemos trampas, como pretendió Cataluña excluyendo al 23% del alumnado para maquillar su deterioro educativo. Pero el informe PISA es una llamada de atención para todos. Incluida la Junta de Castilla y León y su Consejería de Educación, cuyas riendas ha cogido ahora la casi siempre eficiente y tenaz María Pardo, tras relevar a Rocío Lucas, que fue con quien se lograron las cotas más elevadas, incluso a nivel mundial. Si cuando Castilla y León estuvo en el podio nacional y entre las mejores educaciones del mundo advertimos que era fruto de una forma de hacer política, pero también, y esencialmente, de la contribución y el empeño del comprometido sector docente. Ahora esa corresponsabilidad, por pura lógica, también tiene que aplicarse. Es una alerta para el gobierno de Castilla y León, pero también para la comunidad educativa. Y eso es lo justo. Cualquier otra consideración es pura incoherencia política de quienes sólo aspiran a que el apocalipsis haga su labor de oposición, incluso dentro del propio gobierno de coalición en el que participa VOX.
Esto requiere un análisis sosegado, por parte de los rectores políticos y estratégicos de nuestra educación. Pero también ágil y rápido. Para cambiar la realidad y mejorarla, no hay nada más eficaz en todos los órdenes de la vida, que aceptarla y reconocerla. Lo demás es hacerse trampas al solitario y ese es un lujo que Castilla y León no se puede permitir. Castilla y León es un potencial educativo hasta tal extremo que mantiene escuelas con tres alumnos en un claro ejercicio de vocación educativa pero también de política práctica en la lucha contra la despoblación. Porque contra la despoblación no se lucha con teóricos que viven en ciudades y consideran el mundo rural un mero parque de atracciones. Ni tampoco creando inútiles infraestructuras ministeriales o conformando comisiones y otro tipo de saraos de turismo político, como hace la cada vez más inservible Unión Europea, que se dedica al constante derroche de nuestros impuestos y recursos.