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Pues sí, ¿pasa algo? El miércoles 3, como miles de ciudadanos castellanos y leoneses, estuve en la Plaza Mayor de Valladolid para manifestar mi solidaridad con el pueblo invadido y mártir de Ceuta, y para poner de manifiesto mi rechazo al tirano Sánchez, y a su tiranía invasora. Dice la prueba contable de la policía municipal que acudieron 20 mil asistentes. Pocos me parecen. Las calles aledañas, que servidor recorrió, estaban abarrotadas. La Delegación del Gobierno, que siempre rebaja a la mitad los datos que perjudican al Gobierno, esta vez elevó la cifra a 25 mil. Imposible. Pues ya ven, y eso que en esta ocasión todo ese gentío coreó en masa, y a reventar, estas tres lindezas con una insistencia de huesarranco o de hueso duro de roer: «Sánchez dimisión», «Sánchez a prisión», y «Sánchez hijo de puta». Tremendo repertorio.

Lo impresionante ha sido la ausencia sonorífica del Partido Socialista de Castilla y León. Sólo el alcalde de León ha estado con el pueblo invadido de Ceuta. El resto no fue a la manifestación porque estaban, en cuerpo y alma, entregados a la recolección del girasol: pipa a pipa se hincha el papo de la gallina. Su secretario general, y ex alcaldísimo de Soria, estaba revisando gallineros. A ver cómo limpiaba las cagarrutas del partido –unanimidad begoñera–; a ver cómo cortaba la cabeza al señor Tudanca –unanimidad delantera–; a ver cómo trapicheaba en las Cortes una nueva subida de sueldo a sus procuradores porque no ganan ni para llevar el grano a la panera –unanimidad trasera–; y a ver cómo la traición de Sánchez a Ceuta y a España se convierte en una boda con el rey de Marruecos: unanimidad mística en una jaima híbrida. Así, claro, no se puede ir a una manifestación ni por Ceuta ni por Soria