Diario de Castilla y León

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Lo intuido por casi todos -menos los de ceguera y sordera crónica- se cumplió. Vuelve la guerra de África. Vino el eclipse y colmó las expectativas. Fue una pasada. Todos contentísimos salimos al altozano a mirar al cielo. Por cierto, el día 21 del mes en curso, dos rayos de luz nos esperan en San Juan de Ortega y en Santa Marta de Tera. Es el influjo de la luna que no se me ha ido del todo. La calor, al decir del sur, y el calor que agosta la meseta precipitó el ciclo vegetativo y los frutos maduraron antes de tiempo revuelto. La vendimia empieza mucho antes de llegar el noveno mes, que es puerta del otoño y portillo de setas, berreas y montaneras. En Cebreros toda la vida de Dios se vendimió a mediados de agosto la hoy emergente uva albilla y en Rueda, en esas fechas, cogíamos las uvas para los espumosos. Acepto que el refractómetro esta vez venció a la Pilarica y al 12 de octubre, lo peor del clima en esta vendimia es el bochorno de pagar poco la uva. 35 céntimos. Injusto. El trampantojo que disimula nuestra economía social llenó las costas y caldeó las aguas cantábricas y hasta las olas de Oyambre y Comillas rompieron calientes. Aquí en la región, en el rural, fiesta, patrona, pregón, dulzaina, gaita y tamboril y ni rastro de despoblación. Pero el sueño despertó. Y la cruda estampa demográfica ha vuelto a la plaza del pueblo. Recogidas las toallas de colores del tendal. Las bicicletas guardadas. Ni rastro de los decibelios de los músicos y de ese bendito griterío de la chiquillería. Llegamos al capitel de esta columna. Aprovecho para sincerarme como columnista, que no brigadista. Esta disciplina, arteria de la sección de opinión, tiene una virtud y es que deja que el periodista se desnude. Sin pudor. Algo así como salir al albero a puerta gayola y ponerse de rodillas, sin capote y sin cuadrilla al quite. Pues eso. Es injusto, triste y vergonzoso lo que pasa en Ceuta en su agosto troyano. No tiene disculpa por mucha sordera y ceguera que lo silencie. Qué miedo me dan. Pánico por su inconsciencia social. Lo que nos faltaba. Sánchez escribe sus memorias de África que tendrán, como siempre, un desenlace fatal. Ceuta y los ceutíes son españoles. La tierra y la historia también. La situación supera al mismísimo Ulises y reafirma el mensaje del caballo de madera, que viene a ser una estrategia o regalo que parece inofensivo por fuera, pero que esconde una amenaza oculta dispuesta a destruir algo desde dentro. Más claro, imposible. Y ahí siguen miles de jóvenes en edad de defenderse, armados de paciencia y atendidos por la caridad. Servidor, con Ceuta y los ceutíes. Y por supuesto, será mi primera “manifa” la de hoy. Ceuta, española. Portugal, qué suerte tenerte tan cerca y Melilla, tan lejos y tan cerca de las circunstancias. Viva España y Portugal.

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