Esa chica de Berlanga de Duero

Alfonso Fernández Mañueco, Nicanor Sen, Pedro Sánchez y Virginia Barcones ayer en Navaluenga
Al final hasta en política, donde trabajar cada vez está peor visto, y si parasitas en las Cortes, ni te cuento, deslomarse como una mula también está reconocido. Ayer le tocó el merecido turno a una chica de Berlanga de Duero (Soria). Sánchez, que no es dado a zalamerías y otras zarandajas, no tuvo reparos, delante de todo hijo de vecino, gritó a los cuatro vientos un ramillete de elogios para la secretaria general de Protección Civil, que en plena oleada de incendios ha andado de la ceca a la meca, sin dormir y sin comer para atender a todos los frentes del fuego. Es gratificante saber que el trabajo se reconoce y se recompensa en política. Y además es aliviante para los ciudadanos. Porque no hacerlo es tanto como igualar a gentes inagotables como la chica de Berlanga de Duero con otros que están tostándose al sol que más calienta, mientras ella se achicharra a trabajar en medio del fuego, la desolación, la angustia, pero también la tenacidad, el arrojo y el valor. Esos que se tuestan aparecerán a finales de agosto, cuando las Cortes levante la trapa y circulen las Mahou por la barra del bar, para ir calentando el gaznate antes de empezar a no hacer nada allá por el 11 de septiembre, aniversario de las Torres Gemelas. El primer cometido de las Cortes será un pleno para decidir que tres, dos del PP y uno del PSOE, se van a flamante retiro de la Cámara Alta a acopiar billetes y esperar mejores tiempos o la jubilación política definitiva, que de todo hay en la viña del señor. Mientras nuestro legislativo sestea otro verano de dos meses, con sus 82 escaños inactivos, hay gente en la política que no descansa. Por eso, lo de esa chica discreta de Berlanga de Duero, que lo mismo se despelleja por una fábrica de Siro, que se lanza contra una dana a mandíbula batiente o le mete un gruñido a la voracidad de unas llamas, merece un respeto, en honor a la política. En honor a la verdad, Sánchez estuvo a la altura verbalizando su admiración por la chica esa de Berlanga de Duero.