La lucha contra el fuego implica repensar el mundo rural sin teóricos
Incendio de Burgohondo, en la provincia de Ávila
Resulta sorprendente comprobar la escasa talla de la política española, que tropieza siempre en la piedra de instrumentalizar, como elemento de ataque o defensa, las tragedias, las catástrofes o los muertos. Lo del fin de semana fue un mero espejismo. Los descomunales incendios de Madrid, Guadalajara y Ávila no han servido para que los políticos ofrezcan una mínima tregua a los ciudadanos. Especialmente a los afectados. A los miles de evacuados y confinados. A esos que no saben, cuando regresen a sus pueblos, qué se van a encontrar más allá de un paisaje desolador. Esos que son tan humildes que viven de la intemperie y hasta la intemperie se la ha llevado el fuego. Con mando único, sin mando único, con emergencia nacional o sin ella, el contexto climático convierte los incendios, provocados en su inmensa mayoría, ya sea por negligencia o acción criminal, en monstruos con los que es imposible luchar. Hasta el jueves noche, que el control del operativo estaba en manos de la Junta en Ávila, habían ardido unas diez mil hectáreas. Se hizo cargo el gobierno central tras la emergencia solicitada por la presidenta Madrileña, atemorizada con lo que se le venía encima desde Ávila, Castilla - La Mancha y el propio Madrid, y ya vamos por 55.000. El monstruo no conoce de tutelas ni jurisdicciones. El monstruo arrasa y se hace inextingible en función de las condiciones. Por mucho que algunos se emperren, el fragor del fuego y la tragedia no es el mejor escenario para debatir o discutir sobre un giro radical en la estrategia contra el fuego, que no puede limitarse a la simpleza de limpiar los montes, porque es algo que cada vez se ha hecho más inalcanzable tras décadas de despoblación y del uso de los montes. Pero en cualquier caso, en Castilla y León somos un ejemplo. Soria es uno de los territorios con más densidad forestal de Europa y siempre está a salvo de los incendios, Y tiene el mismo operativo, el mismo director del operativo, el mismo consejero y el mismo presidente de la Junta que otras provincias mucho más castigadas históricamente como Zamora, Ávila o León. Hemos reducido el universo rural a un parque de atracciones para el ocio y el descanso y nos hemos olvidado de que cada vez hay menos de los pobladores que se encargaban de salvaguardar, con su actividad cotidiana y constante, la protección del medio ambiente, entre otras cosas, con la ganadería extensiva. Ese es el giro que hay que dar. Repensar el futuro del mundo rural, cada vez con menos gente habitual, más allá de las grandes urbanizaciones creadas para ocio y disfrute estival o de fin de semana. El asunto requiere algo más que un tuit de quienes teorizan sobre el asunto desde el asfalto de las ciudades.