Diario de Castilla y León

Creado:

Actualizado:

Nos hemos ido acostumbrando a que sea normal que el verano esté reservado para el fuego que pone en peligro a decenas de pueblos de Castilla y León y que achicharra, calcina y carboniza nuestros montes y otros espacios naturales que quedan totalmente arruinados para que, durante el próximo lustro, recordemos que las llamas consumieron la leña acumulada durante todo un año. Porque los políticos que gobiernan no han sabido nunca que los habitantes de los pueblos –de un modo callado y sigiloso– solían encargarse de poner orden en todos esos espacios boscosos, para que cuando llegase el verano no hubiese demasiado combustible; ya que el monte produce, todos los años, miles de toneladas que deberían de ser consumidas por los habitantes de los pueblos que aun subsisten, a pesar de tantos y tantos inconvenientes. Y es que al ser humano le gusta caminar por senderos tortuosos y difíciles para ir descubriendo lo nuevo, lo sorprendente; y muchos agoreros de pacotilla y ecologistas de pacotilla, que nunca pisaron un pueblo, sigan creyendo que en los despachos se soluciona todo, o casi todo. Pero el fuego descontrolado es exterminador, y no se conforma con la hierba que no consumieron los rebaños que ya no existen, porque las normativas caprichosas y excesivas les impiden existir, al convertir a los ganaderos en burócratas y tecnócratas que ya no tienen tiempo para atender sus rebaños… porque el fuego tampoco se conforma con incinerar la madera que en otros tiempos ardía en las cocinas de las casas sencillas. Ahora arden los pueblos, perecen millones de plantas y animales que indefensos se calcinan entre las llamas, y lo peor de todo es todos los veranos mueren seres humanos que intentaban huir de la devastación o contribuir al exterminio de las llamas. Pero la política sigue en su sitio. Continúa haciendo de las suyas.

Los seres humanos no tenemos remedio. Ya decía el Tio Invierno que no se puede ir a pueblos viejos a poner costumbres nuevas, y tenía razón. Porque el tiempo nos ha ido demostrando que la tenía. El Tío Invierno recogía leña del monte para que ardiese en su fragua templase su humildísimo hogar y, de ese modo, contribuía a que lo que hoy sucede no sucediese en aquellos tiempos remotos en los que todavía se aplicaba el sentido común. Porque el fuego es una nueva lacra que todos los años amilana y apabulla a quienes pretendemos continuar cerca de la naturaleza. Pero también es cierto y preocupante que los seres humanos seamos los auténticos responsables, por elegir a políticos de poca monta para que rijan los destinos que a todos nos afectan.

Las causas originales de los fuegos también están ahí: unas veces provocados, otras por descuidos. Y otras porque un coche eléctrico –«de esos que no contaminan»– ardan y destruyan el medio en que vivimos.

tracking