Diario de Castilla y León

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No entiendo de fútbol, ya lo dije en alguna otra ocasión, pero a pesar de mi ignorancia estoy seguro de que el balonpie no va de dar patadones. Ni siquiera al balón. Por lo visto, según los méritos que han hecho campeona del mundo a la selección española, el fútbol va de juego en equipo y de unidad. De marcarse una meta y trabajar en compañía, en comunión, para alcanzarla de forma generosa por el bien común. Donde no llegues tú, que lo has dado todo, arrimo yo el hombro para seguir el esfuerzo hasta el agotamiento. Los unos por los otros. Ese ha sido el catecismo de la España que ha vencido en la Copa del Mundo inundando de felicidad futbolera a todo un país. Quién nos iba a decir que está España nuestra, descosida y rencorosa en lo político y lo personal, las más de las veces, haya conquistado todo un mundial de fútbol dando ejemplo de los más excelsos valores. Ojalá que las nuevas generaciones aprendan y asimilen éstas actitudes y el campeonato nos aproveche a todos gracias al ejemplo de Luis de la Fuente y sus jugadores. Sin embargo mucho me temo que los mecanismos mentales y sociales del aprendizaje empático, de la corrección de conducta, de la mejora de la convivencia por imitación del ejemplo, de reconocer y respetar al rival, están oxidados si no agarrotados definitivamente. Al menos para las generaciones que actualmente manejan las riendas de este país, en sus comunidades, sus provincias y sus localidades. La selección española tiene una media de edad muy joven y viene cargada de valores, así que algo se estará haciendo bien en las familias. Ojalá que no se estropee desde la política, que es donde anida y prospera el frentismo que tanto les cunde, incluso sin trabajar. Para muestra el botón de nuestras Cortes, sede vacante de la soberanía popular de Castilla y León, hoy, mañana y siempre de vacaciones. Volverán estos oscuros golondrinos bien cargados de resentimientos y con ganas de afilar polémicas. Ríanse ustedes de los patadones de los jugadores de la selección argentina. El día que amanezcan con ganas de trabajar, las zancadillas volverán al palacio de mármol y sus largos y traicioneros corredores y que viva España. Lo importante no es que Castilla y León avance, sino que el adversario tropiece antes y, a ser posible, que quede tendido sobre la moqueta parlamentaria. Esa que cuando se pisa da gustito y ya no se quiere abandonar nunca. Convendría que sus señorías vieran repetida la final para comprobar que nadie gana un campeonato insultando al rival desde el banquillo o escondiendo el balón. No se les pide que sean campeones del mundo. Basta con que dejen de comportarse como si en política solo se pueda ganar lesionando al contrario y empiecen a jugar para el mismo equipo. Si no, todos al banquillo.

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