Diario de Castilla y León

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Prada sigue en permanente pie de guerra ante la indiferencia irresponsable de las administraciones y de una buena parte de los habitantes del medio rural. Su marco, El Bierzo. Una vida entera con el cuadro a cuestas, cantando y contando las excelencias de su tierra. Y es que Prada A Tope, como le conocemos todos, es un filósofo desaprovechado. Y un guerrillero sin revolución ni correajes. Es, simplemente, un paisano que un día, ya desde la escuela, se dio cuenta de que lo que le rodeaba merecía la pena defenderlo. Y nació una de sus frases totémicas: a la naturaleza no podemos mejorarla, pero lo intentamos a tope. Hace unos días acudí de nuevo al acto de entrega de los Premios Palacio de Canedo de la Fundación Prada A Tope. Confieso que necesitaba cargar las baterías, pues pocos premios tienen un fundamento tan potente como los que desde esta fundación “reconocen la rehabilitación respetuosa de edificios, casas, bodegas o construcciones tradicionales del Bierzo, valorando el compromiso con el paisaje, el respeto al entorno del pueblo, la memoria y los materiales de siempre”. Junto a esto, los Premios Por Tu Pueblo, donde entran otras categorías culturales más pegadas al medio rural, a los paisanos y a las paisanas que defienden su aldea. Durante dieciséis años, siempre he ido a pescar a los Premios Palacio de Canedo, porque no es raro que descubra ese día rincones tan insólitos como los que este año se han premiado. Visita obligada a Páramo del Sil. A esa cabaña pastoril recuperada en la Braña de la Campona. Sigo sintiendo inclinación hacia las construcciones secundarias de la arquitectura tradicional. Así se decía antes. En El Bierzo el teito y el teitador me siguen fascinando. Y otro pez gordo que pesqué ese día en Canedo fue lo de la Braña de Zarameo, en la aldea de Matalavilla de Palacios del Sil. Aluciné con las imágenes. Por un momento pensé que la pasieguería burgalesa se había desplazado a las montañas bercianas. Resulta que los vecinos brañeiros han recuperado las cabanas. Sí, las cabanas. Con n y sin ñ. A dos aguas, la pizarra. Construcciones uniformes de aquellas trashumancias de kilómetro 0. Viejos lagares que nadie pensábamos que existían. Herrerías sin herreros y potros sin herrar, entre un buen listado de casas particulares que han sido premiadas por su sensibilidad y por su respeto a un paisaje cultural con una arquitectura propia heredada. Prada, con su Fundación, ha logrado que cerca de 300 ejemplos de arquitectura -la mayor parte, casas particulares- se hayan rehabilitado con fidelidad. Lo que no acabo de entender después de todos estos años es que en una región arcano de arquitecturas tradicionales no haya surgido una iniciativa igual en cada una de las 60 comarcas naturales. O más.

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