Isabel Rodríguez: Plan de vivienda tras tres años de incompetencia
El consejero de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio, Juan Carlos Suárez-Quiñones, asiste a la Conferencia Sectorial de Vivienda y Agenda Urbana.
Justo cuando el mandato entra en la recta final la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, ha emprendido una campaña de imagen para edulcorar la incompetencia e inutilidad de un ministerio que ha parasitado durante tres años mientras la vivienda en España pasaba de ser una preocupación seria a un problema estructural, además de un drama para las clases más humildes y los menos pudientes. Seguramente Pedro Sánchez no encontró a nadie más incompetente ni inútil, tras sacarla de la portavocía del gobierno, para coger las riendas de lo que cuando empezó el mandato era ya una alarma social muy seria. Tan seria que Sánchez comprometió 180.000 pisos en este mandato, de los que no hemos visto ninguno por estos lares. Hoy aquel problema es una alarma social. Y aquella promesa es otra filfa de un gobierno que sólo se dedica a sobrevivir a costa de que la inacción y la incompetencia agrave los problemas de los ciudadanos.
Por supuesto de los 40.000 pisos que iban a salir del chiringuito de Sareb, el banco malo que pagamos todos con la ruina de las cajas de ahorro, saqueadas por los políticos o con el permiso de ellos, tampoco sabemos nada. Chiringuito a cuyo frente está el impertérrito Leopoldo Puig, bien alicatado de dinero, pero que ni está ni se le espera. En Arroyo de la Encomienda todavía esperan, tras tres años, una solución a la invasión de ocupas que ha convertido una urbanización de la que es responsable Sareb y el tal Leopoldo Puig en un manicomio para sus legítimos propietarios, que conviven con narcopisos, enganches ilegales y servicios comunes cerrados porque los invasores no aportan.
Lo último de la ministra Rodríguez fue ayer anunciar un plan de vivienda unilateral y venderlo a los cuatro vientos, del que el Estado aportará en Castilla y León 228 millones y los otros 152 correrán a cargo de la Junta. Es tan trilera la ministra que lo anunció como si todo el dinero saliera de su departamento en una nota de prensa trufada de bulo. Pero es que además, las comunidades autónomas, que son las que acarrean gran parte de la inversión como parte de sus competencias, no pueden decir ni pío. Algo habitual en este gobierno de Sánchez que desprecia a los territorios hasta límites insospechados. Normal que la Junta se plantee demandar el Plan de Vivienda que huele sólo a un acto propagandístico con el que apagar los escándalos de corrupción que sacuden a diario al PSOE y al gabinete de Sánchez. Esta es la herencia de esta inutilidad ministerial que es Isabel Rodríguez: propaganda de última hora tras tres años parasitando en un ministerio con sus prebendas a orillas de la Castellana.