Diario de Castilla y León

Editorial

La continuidad de Renault pasa por el diálogo, no por la confrontación

Zona de parachoques en la factoría de Carrocerías de Renault Group España en Valladolid en una foto de archivo.

Zona de parachoques en la factoría de Carrocerías de Renault Group España en Valladolid en una foto de archivo.ICAL

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La negociación del convenio de Renault no es algo que concierna exclusivamente a los sindicatos implicados en el asunto en representación de los trabajadores, aunque son los directamente involucrados. Renault tiene una trascendencia estratégica en España, y especialmente en Castilla y León, donde mantiene tres factorías en las que fabrica cinco modelos de coches. Tras romper el diálogo con la empresa lo menos conveniente y sensato parece emprender el camino de las movilizaciones. Pero tampoco parece lógico, ni mucho menos, utilizar como elemento de presión externo, por parte de la compañía del rombo, la suspensión del plan para adjudicar nuevos modelos que garanticen el futuro de la compañía y sus miles de empleos en nuestra comunidad. Ni con la movilización ni con el chantaje se va a ninguna parte. Y con la razón, menos. Dialogar es ceder y comprender a la otra parte. Y esto vale tanto para Renault como para los sindicatos.

Algo no se está haciendo bien, por ambas partes, cuando en tiempos de José Vicente de los Mozos el entendimiento y la paz social era el garante de los planes industriales que han traído a Renault en Castilla y León a su mayor momento de esplendor, justo cuando se organizan eventos conmemorativos por los 75 años de Renault en Valladolid, que en sus comienzos fue Fasa.

Es imprescindible retomar el diálogo sin más demora antes de que el entendimiento empiece a pudrirse y se ponga en riesgo la continuidad de la compañía en Castilla y León. Porque en eso afecta a toda la sociedad de Valladolid y Palencia, especialmente, pero también el conjunto de la comunidad. Miles son los empleos directos. Pero muchos miles más los indirectos e inducidos.

Ambas partes han decidido amenazarse mutuamente cuando han visto colapsar sus expectativas. Ese tampoco es el camino. El camino es el del entendimiento y la cesión por ambas partes. Porque las decisiones últimas se toman en Francia, donde ya resulta suficientemente complejo para una empresa de capital y control casi estatal llevar producciones fuera del territorio francés. Precisamente ese sosiego, esa serenidad y esa sensatez que relucía en los tiempos de De los Mozos fue la mejor garantía para que Francia mostrase su confianza en el buen hacer y el sentido común de los sindicatos españoles. Emprender el camino de la movilización sólo dará alas a los argumentos de los que se quieren llevar la producción a otros países, además en plena crisis de la industria automovilística europea. No estaría de más que ambas partes buscaran un mediador que pusiera cordura en este acuerdo que nos concierne a todos. La responsabilidad es máxima.

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