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Tres escenarios geopolíticos

Juan Carlos De Margarida

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El comercio internacional ya no responde a unas reglas concretas. Basta con mirar un mapa: el estrecho de Ormuz, las tensiones en Oriente Medio o el regreso de políticas comerciales proteccionistas con la administración Trump, nos recuerdan que la economía global ha dejado de ser previsible para convertirse en contexto de crisis e inestabilidad.

El movimiento del comercio exterior tiene su reflejo en territorios como Castilla y León, que se enfrentan a diferentes escenarios posibles que no dependen tanto de la economía como de la geopolítica.

En un escenario de relativa calma, si es que ese concepto sigue teniendo sentido, la contención del conflicto permitiría cierta normalización del flujo energético. El petróleo dejaría de ser un factor desestabilizador y la economía recuperaría un pulso reconocible: inflación bajo control, tipos de interés sin sobresaltos y una actividad que crecería sin brillo, pero sin sustos. Para Castilla y León, esto significaría algo que podríamos catalogar de «valioso»: costes asumibles y estabilidad en su sector agroalimentario.

Pero la realidad rara vez se instala en contextos cómodos. Es más probable un mapa incierto, intermitente, donde la tensión no desaparece, pero tampoco llega a estallar del todo. En este sentido, estaríamos ante un estrecho de Ormuz que se abre y se cierra de manera intermitente, un suministro irregular y un precio de la energía con vaivenes. En ese terreno, el consumo se enfría y la inversión se retrasa, perdiendo márgenes empresariales. En nuestra Comunidad, eso se traduce en un campo más tensionado, en costes elevados, sobre todo en transportes y agroalimentarios y en un tejido empresarial que pospone decisiones debido a la incertidumbre y volatilidad.

El verdadero riesgo, sin embargo, no es la incertidumbre, sino su agravamiento. Si el conflicto se amplía a otras zonas de Oriente Medio y el flujo energético se interrumpe de forma severa, el impacto sería más grave y profundo. La energía se podría disparar, con mercados a la baja y una economía que entra en «modo defensivo». En Castilla y León veríamos sus consecuencias en explotaciones del sector primario que dejarían de ser viables, industrias que reducirían su actividad y más presión sobre el mundo rural, ya afectado por el envejecimiento y la despoblación.

Quizá, siendo cautos, en el corto plazo estaremos ante ese escenario más intermedio. Pero encontrarse en uno u otro depende de la evolución de la tensión geopolítica, el precio del petróleo, las decisiones del BCE, los mercados financieros y las tensiones comerciales a nivel global, donde los aranceles de Trump no ayudan.

Por todo ello, se antoja indispensable que Castilla y León responda con estrategias de resistencia y reposicionamiento competitivo, diversificando el mercado y protegiendo el tejido empresarial exportador. El sector exterior regional se enfrenta a uno de los momentos más complejos de las últimas décadas, donde lo primordial ya no es el exportado, sino dónde y cómo hacerlo.

Juan Carlos De Margarida es Presidente de ECOVA

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