Tierra adentro
¿Y los palomares qué?
La UNESCO, el ministerio del asunto y la consejería del caso me tienen algo desconcertado en los últimos tiempos ya que, de pronto, salpican todas estas instituciones con ocurrencias de esas por las que en mi pueblo más de uno diría: «¿Y qué?». Qué tiempos aquellos del Patrimonio de la Humanidad que nos llenaba de júbilo, emoción y orgullo territorial cuando tal o cual monumento o lugar pasaba a engrosar la lista de esa denominación. El caso es que, pasado el tiempo, los chicos del Ministerio de Cultura y de la UNESCO andan ahora con lo del Patrimonio Cultural Inmaterial. Y ahí es donde yo quiero llegar ante la última salpicadura que nos cuenta que los hórreos son Patrimonio Cultural Inmaterial. Ojo, que, hasta el Gobierno, con su Consejo de ministros, ha aprobado en estos días un Real Decreto que reconoce a estas construcciones de la arquitectura popular del norte peninsular como «Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial». Que, por cierto, es un peldaño más de la gran escalera al Olimpo que nos incluyan en la lista del PCI de la UNESCO. En fin, que los hórreos de Ancares, de Médulas, de Valdeón y de la montaña del norte de León, entre otros, ya optan también a ese título tan humano. Chapeau. Aunque bien es cierto que contaban con figuras de protección, esto nos puede venir mucho mejor. Claro que siempre que, además del aplauso, venga una ayudita para el arreglo. Yo no he destapado la caja de los truenos. Han sido ellos. Porque ahora, por razones de consanguineidad, de orígenes y de la arcilla que corre por mis venas, no me queda más remedio que llamar a todas esas puertas para pedir ese tratamiento de Patrimonio Cultural Inmaterial a los palomares de toda la región y, puestos a hacer subzonas, a los de Tierra de Campos. Ya sé que ayuntamientos, grupos de acción local, asociaciones culturales y fundaciones habéis hecho lo vuestro. Pero me da que no ha servido del todo para defender el elemento de la arquitectura del barro más espectacular que se mimetiza con un paisaje único. Por no entrar en tenadas, en pallozas, en cortinos, en casas pinariegas y en toda esa lista, que muchos sabéis mejor que yo, de construcciones secundarias de nuestra maravillosa arquitectura popular. Sueño con algún atardecer, desde Autilla, Torremormojón o Montealegre, en el que pueda divisar en el horizonte la paloma del patrimonio con el título en el pico. Por cierto, son tres miradores en Tierra de Campos desde los que se ven, al fondo, los Picos de Europa. Uno va siendo ya usado en demasía por la vida, por la China de los cuentos y por las promesas de siempre de los mismos. Esto lo voy a escribir para encabronar un poco: Ay, si la mayor concentración de palomares de la arquitectura, del tapial y del barro estuviesen en el noreste peninsular.