Diario de Castilla y León

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Para que quien ha sido elegido en las elecciones autonómicos como representante en las Cortes adquiera la condición plena de procurador el reglamento de la cámara marca tres requisitos: presentar en el registro de las Cortes la credencial expedida por la Junta Electoral, cumplimentar una declaración con datos relativos a su profesión y cargos públicos, a efectos del examen de compatibilidades, y, finalmente, jurar o prometer acatar la Constitución y el Estatuto de Autonomía en la sesión constitutiva o en la primera a la que pueda acudir. A día de hoy, el líder de la oposición no puede cumplir el segundo requisito, porque si presentara la declaración no podría ser procurador, ya que es incompatible con ser concejal de un municipio de más de 20.000 habitantes. Será a partir del lunes cuando Carlos Martínez pueda presentar esa declaración, pues es ese día cuando al fin renunciará a su condición de alcalde y de concejal en un pleno que está previsto para las 12.30 horas de ese día, menos de 24 horas antes de la sesión constitutiva de las Cortes. El todavía alcalde parece un maestro del suspense. Ya le costó reconocer que iba a ser el líder de los socialistas de Castilla y León y se mantiene como alcalde hasta el último minuto. Pero el suspense sigue, porque no hay aún anuncio oficial sobre su sustituto en la Alcaldía. Va a ser el senador Javier Antón, que será concejal después de que renuncie el actual alcalde y la primera suplente. Pero el alcalde soriano se ha empeñado en que siga sin ser oficial, no sabe muy bien el porqué, lo que siempre deja abierta la posibilidad de sorpresa de última hora. Quizá también sea la forma de que toda la atención del pleno del lunes recaiga en el que ha sido alcalde de Soria durante casi 20 años, que ya inició su despedida en el último pleno ordinario con el nombramiento de tres hijos adoptivos y uno predilecto, algo que se suele reservar para el final de la legislatura. Los pronósticos auguran lágrimas en el pleno del lunes, que será el final de una etapa de lucimiento para el político y la apertura de una nueva cargada de incertidumbres que se inicia en el siempre duro banco de la oposición. En el Ayuntamiento queda, entre otras cosas, un déficit que obliga a presentar un plan económico financiero, así como otros problemas, entre ellos unas relaciones laborales de máxima tensión, que hereda el que llegue nuevo. Y también una ciudad que ha dado un cambio radical en los últimos 20 años. A Martínez le queda por delante la travesía por el desierto de la oposición, a lo que no está acostumbrado y que inicia con un dudoso control de la caravana socialista que debe encabezar. De momento, deja impresión de poca destreza en los asuntos internos y en los parlamentarios, así que el resultado que pueda alcanzar está dentro del suspense al que se ha apuntado últimamente.

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