Diario de Castilla y León

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Porque nunca imaginé que en pleno siglo XXI entendiéramos que nada ha cambiado y que todo sigue el ritmo señalado por las codicias humanas. Por eso sería interesante que fuéramos capaces calibrar, de una vez por todas, por qué a los habitantes de este mundo nos sigue apeteciendo desfilar por caminos tortuosos en los que siempre volvemos a tropezar en esa misma piedra, en la que ya tropezaban nuestros antepasados. Me entristece ser protagonista de esta mordaz locura que no tiene remedio y que, de momento, no lo va a tener. Porque ya habiendo recorrido más de una cuarta parte de este nuevo siglo seguimos embebidos en las cruentas guerras que acrecientan la necesidad de detenernos a meditar, para atisbar –si es que somos capaces de hacerlo– lo que somos y por qué somos como somos.

El ser humano colonizó este planeta que hemos llamado La Tierra hace cientos de miles de años, y desde entonces no ha habido momentos de verdadero sosiego, con el que se hubiera podido resarcir la voracidad protagonizada por algunos de nuestros semejantes. Por esa razón hoy reflexiono sobre los aspectos lamentables que nos han llevado a plantear determinadas cuestiones que muchos de nosotros no somos capaces de asimilar... otros de nuestros semejantes supongo que lo entiendan, porque siguen atentando contra millones de mujeres y de hombres que no tienen modo de defenderse.

Y, sobre todo, cuando se hacen protagonistas esos miserables individuos que creen que todo les pertenece. Que así es como perviven los dictadores que aun mantienen a sus pueblos sometidos ante el poder que representan o creen que representan...y también los políticos que sintiéndose demócratas, o anunciando a bombo y platillo su calidad de demócratas, jalean y defienden a todos esos dictadores. Los que abusando de sus enquistadas posiciones maltratan, encarcelan y ningunean a los habitantes de sus pueblos. O los que gobiernan imponiendo decisiones que perjudican a millones de individuos. O los que aprovechando sus perentorias responsabilidades políticas se enriquecen sin el menos pudor. O los que no entienden que los gobernantes de los países democráticos habían sido elegidos para tratar a todos por igual y no para encumbrar y beneficiar los amigos, allegados y correligionarios políticos.

Porque además de las guerras y de los conflictos de intereses, que casi siempre tienen relación con el poder y el dinero, fraccionan el mundo para convertirlo que lo que actualmente representa. Millones de habitantes del planeta mantenemos nuestro propio conflicto contra esos gobernantes impudorosos que siempre nos miran con desdén y que solamente nos utilizan para sentirse omnipotentes.

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