MENSAJES CRUZADOS
Semana Santa en Castilla y León
La Semana Santa de Castilla y León se sustenta en una larga tradición heredada desde hace muchas generaciones y que hoy sigue elevándose como ese símbolo que siempre connotó la religiosidad popular que entronca con los demás legados de una tierra antigua y legendaria. Nuestra Semana Santa se ha nutrido de una cultura que ha sido trasmitida desde tiempos remotos, y por eso los actuales habitantes tenemos la obligación de seguir poniendo en valor todas estas manifestaciones culturales que han llegado hasta el siglo XXI. Pero sigue siendo necesario incidir en lo que estas fechas seguirán significando para los pobladores de estos antiguos reinos. Y lo más interesante es que nuestras nueve provincias han sabido custodiar todas esas particularidades que salvaguarda lo nuestro... En Valladolid late la solemnidad de unas procesiones que siempre se caracterizaron por la calidad artística de unos pasos que proceden de los grandes escultores castellanos, que vuelven a rememorarse en el cauteloso sigilo de los desfiles procesionales que discurren en silencio por plazuelas y calles de Zamora. O cuando en León se irrumpe la potencia de las bandas de música que ofrecen contenido y contundencia a los papones que cruzan el Barrió Húmedo para ir acercándose a La Iglesia románica de Santa María del Mercado. O cuando en Palencia llegan a los aledaños de La Bella Desconocida, y en Segovia se dejan ver los tersos arbotantes de la Dama de las Catedrales, o cuando en Burgos parece que se elevan mucho más las agujas de su grandiosa catedral, o cuando la Plaza Mayor de Salamanca se convierte en escenario, casi mitológico, de un acontecimiento humano y emotivo, o cuando en Ávila la austeridad se precipita en los aledaños de su Catedral Fortaleza, o cuando en la Soria de Machado pasan los penitentes por las proximidades de aquel viejo hospicio provinciano, / el caserón ruinoso de ennegrecidas tejas / en donde los vencejos anidan en verano / y graznan en las noches de invierno las cornejas…
Pero la Semana Santa de Castilla y León no queda ahí. Se significa con igual intensidad cuando en Astorga bailan el Viernes Santo por la noche el paso de Nuestra Señora de la Soledad, o cuando en La Bañeza rememoran el Santo Potajero, o cuando en Medina de Rioseco los soportales de la calle Mayor vuelven a ser testigos de inmemoriales liturgias, o cuando vuelven a salir las procesiones en Medina del Campo, en Fontiveros, en Arévalo, en Puebla de Sanabria, en Ponferrada, en Béjar, en Aguilar de Campoo, en Toro, en Carrión de los Condes, en Ampudia, en Bercianos de Aliste, en Osma, en Aranda de Duero, en Alba de Tormes, en Serradilla, en Sahagún, en Pedraza, en Cuellar o en Tordesillas.