Diario de Castilla y León

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Escandaliza. Después de 6 años del asesinato del joven David Hernández en Laguna de Duero (Valladolid), no sabemos nada. Acción tan execrable y misteriosa, no interesa a nadie. Las autoridades políticas, de orden público, y judiciales, se pasan el caso unos a otros por el forro del cinismo de aquel rey felón que tuvimos, Fernando VII, que seis años después de inaugurar su poder absoluto –10 de marzo de 1820, y ya es casualidad–, se despachó con esta salida fachendosa: «marchamos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional». Con esta misma jeta –y por la senda Constitucional de 1978–, los arriba indicados, se desentienden del crimen del pobre David. Así, como si estuviéramos en Nueva York, y no en una población de 23.000 habitantes donde respiras y, de inmediato, te lo registran.

¿Qué sucede? Algo muy sencillo. A los políticos ya no les interesa perseguir el crimen como tal, sino por la rentabilidad política que un caso determinado les aporta. Para ellos, la muerte de David se inscribe en las 130.000 personas que murieron por Covid. Pues no. David no fue víctima del Covid, sino de alguien que aprovechó la pandemia para acabar con su vida. Las fuerzas del orden –por aquel entonces en un periodo de cambios en sus jefaturas– han pasado del caso porque el poder político y el judicial, han desactivado la investigación. ¿Por qué? Sabemos que la actuación «glacial» de la Jueza, Elena López Negrete –según expresión de este Periódico del lunes 23–, provisionalmente ha sobreseído el caso, no quiere ver a la UCO en su jurisdicción, y ha vetado «la información anónima telefónica» tan necesaria en cualquier investigación. El caso David Hernández es el escándalo apestoso de una democracia inviable.

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