Diario de Castilla y León
El presidente de Vox, Santiago Abascal, y el candidato a la Presidencia de la Junta por la formación, Carlos Pollán, protagonizan el acto de cierre de campaña en la plaza Zorrilla de Valladolid

El presidente de Vox, Santiago Abascal, y el candidato a la Presidencia de la Junta por la formación, Carlos Pollán, protagonizan el acto de cierre de campaña en la plaza Zorrilla de ValladolidICAL

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VOX no ha fracasado el 15-M. Ni mucho menos. Ha logrado un enorme resultado. Sólo ha sido víctima de sí mismo. Ha acabado estrellándose contra sus propias expectativas. Y mira que avisamos desde aquí que la gestión de expectativas suele ser esencial en lo político y en lo personal para sortear la frustración venidera. Porque los ciclos eran diferentes. Nada tenía que ver el de Castilla y León, que estaba en su propio ciclo, con los de Aragón y Extremadura. Pero los de Abascal se empecinaron en mirar a los vientos que venían de Guardiola y de Azcón. Y al líder le metieron una kilometrada de Dios te ampare. Y más al precio que se puso el carburante en campaña. Abascal a alguno le monda la piel después del trote que le han dado, venga a cabalgar plazas y pueblos. Aunque menos mal que ha deslomado a cabalgar del uno al otro confín de Castilla y León. De lo contrario, igual estábamos comentando una tragedia y no la de Ortega Smith, al que ya le visitó Tom Hagen como a Frank Pentangeli ‘Cinco ángeles’, camino de Murcia. Lo de VOX en Castilla y León ha sido una batalla tras otra para quedar a pre. En política la prudencia es una ciencia y no resulta gratificante vender la piel del gurruño antes de cazar el voto. El gurruño de su amigo Hierro, que guardaba como oro en paño Pollán, va a tener que esperar mejor ocasión para salir del armario. Porque los resultados de aquí le han metido prisa a Abascal para cerrar los procesos de Extremadura, Aragón y Castilla y León, y que no se le mezcle el desazón que le ha dejado medirse a Mañueco con los comicios de Andalucía, donde Moreno Bonilla huele a mayoría absoluta que tira pa´tras. Los de Abascal no contaban que ‘90 minuti en el Bernabéu de Mañueco son molto longo’. Longos en tiempo y longevos en distancia. Es lo que tiene Mañueco, conocido por John Wayne en Quiet man, que acaba doblándote desde el fondo de la pista a golpes profundos y cruzados.

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