Diario de Castilla y León

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QUEDAN TRES semanas y media para Semana Santa. Periodo marcado por la fe en torno a la Pasión de Cristo. Fenómeno religioso que toma las calles y templos de la geografía urbana y de la rural. Una puesta en escena única. Ni el más loco de los coreógrafos lo habría soñado. Una multitudinaria participación de juntas de Semana Santa, bandas, cofradías y hermandades. Superan los cien mil como poco. A lo que se une un respetuoso patio de espectadores a la intemperie que servidor no dudaría en cifrar como el fenómeno de masas de mayor calado que tiene lugar en espacio y tiempo en Castilla y León. Hasta la fecha, son estadísticas de cosecha propia. Perdón por el atrevimiento. Venga, me atrevo. Esta muchedumbre organizada que supone el conjunto de actos oficios y procesiones religiosas, con evidentes manifestaciones procesionales desde el día de la borriquilla al de Resurrección, supera o podría superar al resto de manifestaciones culturales, musicales o deportivas. La Semana Santa gana en seguidores por goleada a conciertos y al fútbol. Para aquellos que quieran contrastar este despropósito estadístico, que sumen ciudad a ciudad, comarca a comarca, pueblo a pueblo y echen cuentas a ojo de buen cubero las gentes venidas de lejos y cerca. De Lunes Santo en adelante. Esas que toman las aceras y plazas, gratis y sin entrada. Un día, de no hace muchos años, me dio por sumar y se me salían los turistas, curiosos, viajeros, creyentes, ateos y forasteros por las esquinas. Millones. Y si el clima es benigno ya roza el milagro de la multiplicación de los turistas y los cofrades. Recuerdo que ya entonces me asistían dudas sobre la cara laica que muchos proponen y entendemos. Pue va a ser que hay Cristo para rato. A tres semanas vista, la semana en cuestión con su largo puente en medio augura otro overbooking en los alojamientos y, en consecuencia, un nuevo éxito del turismo de interior. Si la guerra no lo impide, así deberá ser. Claro que tampoco me voy a poner estupendo con las procesiones por muy “semanasantero” que uno sea. Que lo es. No quiero entrar en lo mollar, en la parte ociosa, la de las vacaciones de Semana Santa. Será en otra ocasión. Me quedo por ahora con la sintonía y el son de trompetas y tambores, con nuestras partituras y compositores, además de nuestros escultores y tallistas. Los imagineros que ahora son más escultores. Las bandas que tocan para el pueblo en la calle y las tallas sobre la “madera dolorida” de aquella peli de José David Redondo, desfilan gratis en el gran museo a la intemperie. Solo echo en falta, estamos a tiempo, una plataforma de información actualizada, en recipiente digital de todos para que este año los viajeros penitentes puedan descubrir nuevos recovecos de la pasión.

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