Diario de Castilla y León

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APAGA LA TELE, chiguito, no vaya a ser que nos entre metralla. Y quita la luz para que no nos vean. Prende la vela grande, que se ve más. Venga, cierra las ventanas. Todas. Vamos abajo rápido. En el ascensor no, por la escalera. (Ojo, “chiguito”, en terracampino se escribe así: c h i g u i t o. Coño. Que a madre no le gusta que la “despalentinicen” y la dejen corita en frases a medias). De una forma u otra nos entendemos cuando no queda más remedio. Y me parece que ya empieza a anochecer. Ya roncan las sirenas de los toques de queda. No creo que tardemos mucho en tomarnos en serio esa secuencia de alarma -y no de móvil- de un, cada día más evidente, bombardeo en el que nos veremos corriendo, bajando, llorando y temblando. Sí, ya sé que aquí seguimos tan campantes como si no fuera con nosotros. Las bases americanas están en la luna. Sus aviones no salen para la guerra. ¡Hay que ser inocentes! ¿Para qué quoniam están ahí? Lo de quoniam, mi latinajo preferido, no lo busques, es indeclinable tanto como incomprensible la calma chicha del personal a las puertas (y van unas veinte más o menos) de una tercera guerra mundial. Pues claro que saldrán los aviones de las bases. Es básico -lo dice la misma palabra- para eso están ahí. Para eso: para la guerra. Cuando acabe la última frase de esta columna habrá surcado los cielos del Extremo Oriente otra tanda de misiles y drones. Y sabe Dios, Alá, el Tío Sam, San Putin o el rabino de Jerusalem a cómo estará el barril y si se cierra o se abre el estrecho de Ormuz. En persa, Tangeh-ye Hormoz; en árabe, Maḍīq Hurmuz, por la cercana isla de Ormuz. Lo pillé en la Wikipedia. Mis libros están muy lejos y el teclado, demasiado cerca. Ay, mis libros. Están emparedados entre los Montes Torozos y la gran llanura esteparia. Estamos locos. Los romanos eran unos benditos ante esta peña de guerreros galácticos. Y nosotros, aquí, en región de campaña. Aquí, como en el resto de las “regiones estado” del reino, pues tan campantes, como si no fuera con nosotros. Claro, bastante tenemos con tomar posiciones, hacer planes, coger asiento y reservar cama para el día del eclipse a mediados de agosto. Largo lo fiamos. Están los cielos como para andar jugando con estrellas fugaces en el espacio aéreo de cada cual. Por el momento, servidor, que es previsor, ya reservó en el mirador de Torremormojón, que tiene de todo, mínima contaminación lumínica, la mejor panorámica de la Tierra de Campos y un castillo de adobe agujereado por mil nidales. Sin pichones arrulladores que batan sus alas de dos en dos. No quiero ser agorero, pero me da mala espina. ¿A que no llegamos al día de la bestia solar?

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