EN POCAS PALABRAS
Sentencia dramática
EN MARTES de carnaval Castilla y León conoció una sentencia dramática: Sergio Delgado estaba muerto y bien asesinado, «muy merecido», como sostenía un ex profesor friki de la Universidad de Valladolid. Todo gracias al juez Roger Cuadrado que teledirigió al jurado popular con 17 propuestas, como si pastoreara a una manada de trilobites de la era Paleozoica.
El jurado, apabullado por el celo sanchista del Juez –un ardor según el cual la víctima, aun muerta, tiene que demostrar su inocencia, y al asesino le basta con declararse inocente y lloriquear–, ya no vio que la víctima de verdad era Sergio Delgado. Los alegatos de la acusación se consideraron insuficientes y no probados, y las artimañas de la defensa se admitieron como probables. Una «puta vergüenza», según la familia, pues liquidaron a la víctima con todas las de la Ley.
Tras el cepo que se impuso al jurado, la sentencia del juez Cuadrado es de una redondez de pescadilla que se muerde la cola. De acuerdo con lo dispuesto al jurado por su señoría, el juez sentenció lo que el jurado ha dicho que sentencie. O sea, que «en el presente procedimiento el jurado ha sido soberano», a pesar de no tener «los conocimientos jurídicos»; que la pertenencia del asesino a grupos ultras son «meras conjeturas», y que no hubo «alevosía» ni agresión basada en «la procedencia de la víctima». ¿Qué hubo entonces? Pues una pescadilla que se muerde la cola, un tongo en martes de carnaval, un magistrado que es juez de su propia causa. Esto «sigue siendo una vergüenza», como declaró la familia de la víctima.
¿Hay aberración mayor que el juez rogelio Cuadrado condecore a un asesino con 4 años de cárcel, mientras la Audiencia Provincial de Burgos condenó el jueves a un violador a 10?