Diario de Castilla y León

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De «puta vergüenza», calificó Carla Delgado –hermana de Sergio asesinado en Burgos por ser de Valladolid– la labor del jurado, que condenó el martes al asesino José Luis Novoa a un tirón de orejas. Una farsa de película con la intervención estelar del juez Redondo «que nos ha hecho pasar días horribles», según Carla, y quien desde el primer momento evidenció su táctica justiciera: torturar a la víctima y a su familia, y victimizar al asesino.

Desde el martes, el criminal Novoa es un asesino con todas las letras y significado del término: por matar alevosamente. Pero sin alzar el tono, claro. Según el jurado popular –que ha actuado como juramentado de una causa que nada tiene que ver con la justicia, y que de popular no tiene nada porque se ha puesto en contra de la víctima– se trata más bien de un asesinito, pues, dicen, «no podía imaginar las consecuencias de su acto». Es más, y agárrense. Siendo el asesino conocedor de las artes marciales, esto no influyó «en la fuerza del puñetazo» que, según este jurado de vizcos, «no hemos podido visualizar el golpe». Lo que demuestra que éste no ha sido un jurado popular, sino redondero que ha girado en torno del juez Redondo para buscar su cuadratura del círculo.

Lo demuestran con creces las 17 cuestiones, o trampas saduceas, que propuso al jurado, y que son capciosas, tendenciosas, y confusas. Están dirigidas a crear en el jurado dudas metódicas, y sobre todo un zurriburri sanchunero que rema siempre a favor del delincuente. Ya lo dijo el gran Quevedo: «menos mal hacen los delincuentes que un mal juez». Conclusión de esta «pesadilla» hoy sábado: el asesino está libre, la víctima culpable y en el hoyo, y el juez Redondo premio nobel de la Justicia redondera & sanchunera.

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