AL SERENO
El péndulo y las casitas de papel
CON LA MAQUINARIA electoral de los partidos políticos ya en marcha con mayor o menor grado de velocidad de crucero, se han activado ya las rondas de visitas de cargos públicos y orgánicos a Castilla y León. Ministros y ministras, secretarios sectoriales de las distintas siglas, con los de cada pueblo ahuecando las plumas para parecer más importantes de lo que son y la habitual clac de simpatizantes de atrezzo ejercitando el aplauso pautado. Las simplificaciones de argumentario ya buscan micrófonos que las amplifiquen y oídos que no les dé vergüenza ajena escuchar según qué cosas. Como la última píldora del secretario de Organización del PSOE de Castilla y León, Daniel de la Rosa, que recientemente ha apelado al voto útil de la izquierda y de los que «están hartos» de Mañueco. No me extraña el argumento de brocha gorda, lo que me llama la atención es que el PP no haya salido en tromba a rematar el gol a puerta vacía porque el socialista burgalés se la dejó botando. No tienen más que animar a los votantes del centro-derecha y a los que estén hartos de Sánchez a que echen en la urna la papeleta de Mañueco. Es lo que tiene la simplificación, que es tan fina como un papel de fumar y lo que escribes se lee por los dos lados. Alguien en Ferraz estará ya escribiendo nuevos monólogos, como a buen seguro que ocurre en la calle Bambú de Madrid, donde se encuentra la sede nacional de Vox y donde se decide absolutamente todo en el partido de Abascal, una formación política que es precisamente eso, el partido de Abascal. Ya ni Ortega Lara tiene el protagonismo que se le concedió en los primeros tiempos de Vox, como fundador que es de esta formación. Vox es Abascal y un poco el Cholo Simeone, porque quieren ir partido a partido y primero se negaron a dar el nombre de su candidato a la presidencia de la Junta hasta que no pasasen las elecciones en Aragón y luego han escondido a Carlos Pollán, que es quien ha recibido la bendición de su partido para medirse con el presidente del PP de Castilla y León. Sigo pensando, mal que le pene a algunos cargos de Vox y contra los resultados electorales recientes, que a la larga acabarán desvaneciéndose, como le está pasando a Podemos o los localismos, porque soy de la opinión de que el bipartidismo puede descomponerse en fracciones pero existen dos únicos bloques, que son los que son y que permanecen inamovibles y ajenos a la dispersión de las siglas. Los votantes perciben la izquierda y la derecha, punto. Los más moderados o de voto más volátil basculan entre un extremo y otro como un péndulo que en ciertos momentos políticos aletea suavemente sobre sucedáneos de nuevas siglas desgajados de los bloques originales, pero cuando el viento sopla con fuerza arrasa con esas casitas de papel y los votantes se refugian en los partidos bien edificados. Llegado el 15-M, estoy convencido de que se producirá un voto útil de muchos electores, hartos de tal o cual político, pero habrá muchos más votantes cansados de tirar sus papeletas en siglas que nunca se sabe qué intereses manejan en realidad.