Adamuz, memoria enlutada

Imágen del accidente
La mediocridad se instaló en la política nuestra de cada día en el momento en el que la miseria y la ruindad empezó a sustituir a la prudencia y la serenidad. La prudencia para evitar los alborotos fascistas en las redes sociales, que es el nuevo caldo de cultivo del nazismo, y la serenidad, para ver en la tragedia una oportunidad con la que medrar el estercolero de los haters, llamados odiadores durante el nazismo. Así nació el nazismo. Ni más ni menos. Unos tipos frustrados y acomplejados que vieron una oportunidad en su fracaso de exprimir los instintos más sucios de la gente en un contexto de crisis. Y así fue como decidieron que los judíos iban a ser el sustento de su sustrato ideológico. Porque en un contexto de incertidumbre la gente acepta cualquier cosa. Incluso que los judíos eran una suerte de perversión que prosperaban a costa de arruinar a los países, que trabajan para progresar. Un contexto como el que permitió a l genial Orson Welles el experimiento sociológico de La guerra de los mundos. Corría 1938 y entre la inestabilidad económica, el avance de Hitler y un mundo en plena mutación, el pánico se apoderó de los oyentes, que no tenían claro si la invasión era alienígena o de los mismísimos nazis. Cierto que con un formato radiofónico similar al de las noticias urgentes de la época. A que les suena todo esto y lo ven a diario en el X del zángano este al que le gusta estirar el brazo y la palma de la mano, que francamente bien podría abrir una versión SS, para no andarse con rodeos. O Gestapo, a gusto del consumidor de bazofia y odio. Este país, que madruga y trasnocha, a Dios gracias, está horrorizado, con el alma en vilo sobre las vías de un pueblo, que nadie conocía antes de la tragedia. Adamuz ya forma parte de nuestra memoria enlutada., como la curva de Angrois. Atentos, porque la indigencia política nuestra de cada día ha acudido presta a pacer en el balastro ensangrentado. No preguntes por quién doblan las campanas.