LA SOLANA
Nadar y guardar la ropa en política
EL NUEVO año está todavía recién estrenado y aún son días de ir dejando buenos deseos a un lado y a otro, a cada paso, a cada encuentro con alguien. Incluso en la política parece mantenerse una pequeña tregua, no tanto por voluntad de los protagonistas sino por su menor presencia debido a que están recogidos en sus hogares, con sus familias. Hasta que no pasen los Reyes Magos, el ambiente navideño sirve de pausa después de un intenso 2025, aunque parece que, desde hace ya mucho, todos los años tienen que ser muy intensos. Se podría lanzar el deseo de que el que empieza sea al fin tranquilo, pero eso sería pedir un imposible. Las elecciones para conformar la nuevas Cortes de Castilla y León están a la vuelta de la esquina, con un ambiente caldeado ya por los comicios extremeños de final de año y que irá a más con la prueba de Aragón. Las de esta comunidad precederán a las de Andalucía y antes, después o por el medio es de suponer que haya una convocatoria nacional. Quizá la suposición es muy atrevida, porque se basa en una lógica que cada vez está más alejada de la política. Inevitablemente, el rosario electoral por el país provocará que las miradas hacia los comicios se hagan con una visión más amplia y vayan más allá de cada uno de los territorios llamados a las urnas, pensando en el conjunto de España, lo que no es nada malo, sino más bien una consecuencia lógica de que quienes van a expresarse son ciudadanos españoles y casi nadie es capaz de hablar solo como castellano y leonés, andaluz o aragonés y olvidarse de que forma parte también de España. Y tampoco es necesariamente malo que se hable de políticas nacionales en los comicios autonómicos, siempre que no sea la única cuestión a tratar y que los asuntos regionales ocupen el lugar que les corresponde en el debate. Tan legítimo es elevar el discurso hacia lo nacional como dar protagonismos a lo municipal, pues no hay que olvidar que el candidato del principal partido de la oposición quiere ser alcalde de Castilla y León. De momento, Carlos Martínez sigue siendo alcalde de Soria, para sorpresa de muchos, que piensan que ya debería haber dejado en el bastón municipal para centrarse en su tarea autonómica, o para centrarse en algo, porque hay quien le critica que no está ni en una cosa ni en otra. Quienes defienden que se mantenga en el cargo dicen que es inevitable, porque si su promesa es la de un alcalde para Castilla y León tiene que presentarse ante las urnas siendo alcalde de su ciudad. Entre unos argumentos y otros hay un runrún que ve más un seguro que otra cosa. Martínez, que no apoyó a Sánchez en su momento, se ha tenido que ligar al secretario general de su partido y presidente del Gobierno en sus horas más bajas y después de no haber disfrutado de su favor en los buenos tiempos puede verse ahora arrastrado en su declive. Así que si toca hacer como Gallardo en Extremadura, el de Soria puede incluso aparentar más dignidad a la hora de dimitir y renunciar también al escaño. Eso sí, con el seguro de la vuelta al cuartel de invierno de Soria. Desde luego, ese runrún no es positivo ni para él ni para su partido ni para la comunidad, porque da a entender que el líder de la oposición, quien debe ser alternativa, algo vital en democracia, no se lo cree ni él. En general, los electores no ven bien eso de nadar y guardar la ropa en política.