Diario de Castilla y León

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HABIÉNDOME ROBADO el albedrío un amor tan infausto como mío, ya recobrados la quietud y el seso volvía de París en tren expreso… Me prestó siempre Campoamor. Y estos versos se me revuelven cuando escucho pasar al tren. Escuchaba. Ahora zumban sin silbato y con la estación cerrada en la vía muerta de aquel sueño envuelto en nubes blancas de vapor limpio en plena Ilustración. Ahora son caminos de hierro verde. Sin flores. Desde este asiento de madera me dispongo a bajar en la estación de un nuevo año. Sin abrir el sobre de la carta que era feliz pues iba a buscaros y daría cuenta de la memoria mía… Se cuelan los versos a su albedrío. En el fondo no quiero ni saber que trae la carta del nuevo año o del año infeliz sin más. Intuyo que será el más lastimero de mis años viajados en el tren de mi vida. Aquí todo es conflicto bélico. Guerra. Aquí todo es bulo y fango. Puta política. Aquí todo es mentira y verdad y ambas no se bajan de su corrupto vagón. Aquí ya no queda casi nada de viejo cotillón y campanadas en la plaza. Todo es revuelta. Que no revolución. En esta añada que viene manchada de sangre y vergüenza, de mala política mundial y de pésimos gestores, incluyendo nuestra parcela patria, se anuncian como si fueran eso, anuncios sin más de otro perfume televisivo, pero este huele a podrido. Lo titula la prensa, lo relata la tele y lo repite la radio… que se acerca una cuarta guerra mundial. Que hay que armarse hasta las cejas, que vuelve la oficina de reclutamiento. Con un par. Y lo escuchamos y lo vemos y nos los cuentan en el móvil, en la tablet, en la tele y en las cien mil hijas de la inteligencia artificial. Estamos buenos. La inteligencia no puede ser artificial, ¡por Dios! Don José Ortega y Gasset, ¡cuánto me gustaría escuchar su reflexión al respecto! Alucino con lo que me -nos- toca vivir. Ojo al dato, que nos preparemos para la guerra. Y no lo dice un lunático, no. Lo argumentan los más altos dignatarios, el puto jefe de la OTAN, el nieto del Tío Sam, los que llevan el timón de un navío sin velas de una Europa vieja, cansada, débil y camino de la extinción. Y medio planeta pasándolo fatal en manos de dictadores crueles. Y lo peor, con una izquierda cansina, vulgar, capitalista y ciega que ya no tiene razón para la revolución. Se conforma con revueltas, poltronas y menús caros. Claro que lo que tenemos en casa es para mear y no echar gota. A la diestra y a la siniestra. Qué año me espera. Y sin una fonda de la estación donde alojarme para esperar en el andén, al amanecer, el tren que me devuelva el pasado perdido. A la vía estrecha. Tengo el billete. Pero no sé en qué vía entra o sale. P. Tinto hará el milagro. Se lo preguntaré. Infeliz Año Nuevo.

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