AL SERENO
La escuela de Pedro
El truco lo borda el presidente, su Gobierno, la maquinaria orgánica de su partido y los bien engrasados engranajes mediáticos que prestan sus respectivos altavoces allí donde se sospeche que el mensaje puede llegar a calar. La estratagema consiste en reiterar una y mil veces aquel mensaje que se quiere amplificar para que les llegue a las mentes menos pensantes que, convencidas de que en la repetición y en el mensajero reside la veracidad del asunto y prestas, por tanto, a engullir sin masticar. El líder socialista está dando una masterclass de la segunda fase de este truco de prestidigitador que consiste en ignorar el golpe, la acusación o la crítica para desviar la atención al mensaje que pretender que cale en la opinión pública. Esquivar la realidad para que el teatrillo cobre el valor de verdad revelada y surja la magia. A este rey desnudo no le pilla en el cuento con las vergüenzas al aire, alegaría con el mejor de sus tonos impostados, el que reserva para los enjuagues en forma de entrevista, que jamás va desnudo sino que les fallan los ojos a quienes de ello le acusan, que ven visiones y lanzan bulos. Esta línea de acción vale tanto para lo personal como para la política y en ese plano le han surgido multitud de seguidores, sin que ninguno le llegue a la suela de los zapatos. Le imitan por oportunidad más que por fidelidad, porque si el gran líder tiene que negar como San Pedro lo hará, aunque hubieran sido uña y carne en algún momento de su proceloso viaje a ninguna parte. Uno de sus mejores imitadores tiene tantas tablas que ha desarrollado una variante del estilo presidencial que es mucho más chusca, chulesca y chuleta, pero que en él no chirría ni choca. Tras muchos años de perfeccionamiento en Twitter, seguir la linde del maestro le ha llevado a un ministerio, el de más fuste, el que más pasta maneja, aquel en el que los partidos políticos colocan al más listo, en todas las acepciones de la palabra. Entre obras, presupuestos y adjudicaciones, materias más bien prosaicas, queda margen para emplear las mismas tácticas que promociona la política monclovita y ahora el ministro Puente se lanza a jurar en falso y a los cuatro vientos, en sede parlamentaria, que no fue un gobierno socialista quién le dio la puntilla al tren directo entre Burgos y Madrid pasando por Aranda. Pero así fue. Era ministro el socialista José Blanco cuando se produjo el derrumbe en el túnel de Somosierra y la línea quedó cortada. No corrió el gallego a encargar la reparación y así se quedó. Dos ministros del PP llegaron después con idéntico desdén sobre el Directo y otros tres del PSOE más tarde, ya con el actual inquilino de la Moncloa, incluido el recluso de moda en Soto del Real. Pero quien cerró la línea, según Puente fueron otros. Y así seguimos, cambiando las realidades por invenciones sectarias. Y luego nos extraña que en Burgos se afirme que las puertas para la Catedral de Antonio López son una maravilla y que la ciudad arde en deseos de que sean instaladas en la fachada. ¡Ay, Pedro. Qué escuela has creado!