Diario de Castilla y León

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Dicho de mi pueblo: robar es cosa linda, si fueran longanizas. Pasaba cuando dejabas la puerta abierta, y a nadie, ni de coña, se le ocurría entrar para robar una longaniza o el honor de las personas. El séptimo mandamiento, no robarás, se cumplía a rajatabla. Por robar una morcilla o una gallina, te colgaban del varal del longanicero, y se acabaron las lindezas que eran tan tentadoras como echar un lagarejo.

Ahora con Sánchez, la ley es una selva en la que nadie paga rentas o pide permiso. Entrar en una casa para lo que te apetezca, es tan legal como contar chistorras en el banco España. Una lindeza que se premia con el gobierno de cualquier ministerio para el Ábalos de turno. Pero esto sería lo de menos. Ahora, con la ley de okupación, puedes quedarte con la casa, echar al dueño, hacerte con la propiedad exenta de ivas y de avenidas, de impuestos a las basuras, y de un largo etcétera. Más aún, puedes exigir que todo te lo pague el dueño en pago a no denunciarle por fascista recalcitrante y con ejecución sumarísima. Por ahí anda un cargo público, okupa y socialista, que lleva 7 años en una casa de 500 metros cuadrados en Talavera, y ejerce con un par el cargo de concejal.

Así que lo que ocurre en una barriada de Arroyo de la Encomienda (Valladolid) –okupada desde hace años con la anuencia de la Sareb, con el desentendimiento más absoluto de las autoridades ministeriales, y con la carcajada de una ley que se aplica gracias a una sociedad diezmada y a calzón quitado–, es ya cosa legalísima. El Ayuntamiento poco o nada puede hacer. Los dueños, acojonados, callan. Total, que el robo es la fábula que también dicen en mi pueblo: cojonuda compra hace mi padre el día que no roba. ¡Qué democracia engolfada!

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