MENSAJES CRUZADOS
Una España que bosteza
LA ESPAÑA que, hace cincuenta años, habíamos proyectado entre todos nos ha dejado tirados en la cuneta, en la más patética de todas las cunetas que hubiéramos podido imaginar. Es la España que hace ya cincuenta años superó los devenires de una dictadura, para convertirse en democracia hecha y derecha. Porque los tiempos de transición o de estreno democrático fueron tiempos maduros y muy plenos; tiempos que alejaron enseguida el tímido pasado y que había dado paso a una posición de prevalencia.
Los políticos que entonces participaron, desde diversas y muy variadas posiciones, se inscribieron en un capítulo absolutamente positivo y estrenaron un Congreso de los Diputados lleno de debates constructivos y, sobre todo, veraces. Los españoles hicimos las paces y borramos las heridas del pasado para conquistar, todos juntos, el ansiado proyecto. Pero los tiempos avanzaron y fueron dilapidando ese espíritu honesto y democrático que vivimos entonces, para entroncar con un tiempo convulso, como al que hemos llegado. Hoy concretamente los noticiarios de todos los medios de difusión informativa ponen en solfa todas aquellas circunstancias que se habían superado, y todo o casi todo se ha hecho para que los partidos políticos sigan mangoneando para siempre jamás.
Hoy les toca a los sanchistas de Sánchez representar el presente –¡Vivan la redundancias!– más devastador, en el que el fiscal General del Estado se ha sentado en el banquillo de los acusados, en el que el presidente de la Comunidad Autónoma Valenciana no ha tenido más remedio que dimitir por no estar donde debía estar y por no cumplir con lo que debía cumplir. Por esa razón me rasgo las vestiduras y retrocedo a la mejor de todas las transiciones que, de un día para otro, supo dejar atrás una dictadura y abrir las puertas de una democracia.
Hoy sabemos que hay ministros del gobierno implicados en asuntos borrosos, bochornosos y complejos y que por ello van a sentarse también en el banquillo de los acusados. Esta fue la España que siempre habíamos detestado las personas de buena voluntad, las que creemos de verdad en los sistemas democráticos, en los que reina el progreso y la armonía. Pero hoy también en esta España confusa se nos presentan interrogantes sobrecogedores que enturbian el ritmo de la vida de los españoles que amamos la concordia.
Mi referencia sigue siendo la ejemplar transición, los políticos que no se enfrascaban en deseos impetuosos para seguir gobernando a toda costa. España ha de tranquilizarse, ha de dejar que crezcan los españoles, que se esfuerzan por alcanzar un futuro. Queremos una España que no exprima ni comprima a los jóvenes que aspiran a ser empresarios y a crear la empresas que generen empleo para todos.