¡Vaya tropa!
Algo de premonitorio tendrá aquella escena del hoy líder del primer partido de la oposición en las Cortes de Castilla y León, en la que el socialista Carlos Martínez Minguez repartía bendiciones como quien lanza agua bendita con una escobilla de wáter, encaramado en el trono y con sus respetos bien acomodados gozando de la poltrona en las fiestas de un pueblo. Aquel Seat 127 con matrícula de Burgos, papamóvil por un día, traía encima sin saberlo al nuevo jefe de la oposición, que lo es ahora en la distancia soriana, para conducirlo tras los comicios de marzo por el mismo camino de la irrelevancia política autonómica y estatal que a mí paisano Luis Tudanca. Igual que se pasó por el forro el respeto a la religión católica en su burla el ínclito alcalde soriano y candidato a darle la réplica a Alfonso Fernández Mañueco desde el gallinero de la oposición, ahora se ha columpiado olímpicamente ultrajando la tan sensible sensibilidad leonesista. A ver si tiene cuajo de irse ahora hacer campaña electoral al viejo Reino. Lo mismo es que sí y se plantea convocar a la pegada de carteles en el Bierzo. Cualquier cosa es posible. Hasta le creo capaz de colar al muy socialista Igea en sus listas electorales. Otro que tampoco es bienvenido a León. Ni a Burgos. Entiendo perfectamente a los amigos leoneses, metidos con calzador en una Comunidad de retales en la que no queríamos estar, pero hay que ser pragmáticos y arar con estos bueyes. Que es lo que le toca al errático Partido Socialista de Castilla y León desde que se gobierna por adolescentes. Martínez, el compadre de Vox, ese partido efervescente, lleno de espinillas y testosterona, ansioso por hacerse notar antes de que le cambie la voz y le echen del coro parroquial; promete tardes de gloria en el parlamento autonómico, donde cada desliz te cuesta un disgusto. Qué pregunte a sus procuradores, sobre todo a los que les pillan a micrófono abierto repartiendo fuego amigo. No tardando estará deseoso el osado líder por quincenas del socialismo castellano pero no leonés de que los fustazos - dialécticos- se los endilgue Mañueco y no su propia maquinaria orgánica de picar carne o la de Ferraz. Escudado por su escudero burgalés, Daniel de la Rosa, podrá dar rienda suelta a su vocación de meterse en charcos propios y ajenos. Donde no llegue el que usa la escobilla como si fuera la vara de alcalde, llegará sin dudarlo su acólito, recién dimitido de la política municipal en busca de nuevos horizontes de flojeza. Para empezar ya se le atribuye el patinazo de que se conforma con perder las elecciones en Burgos. Metedura de pata que cazó al vuelo el presidente del PP de Burgos y que estoy convencido de que se lo va a repetir hasta la saciedad de aquí a marzo. Ya lo dijo aquel inefable agarra poltronas del PP conociendo bien el paño: ¡Joder qué tropa!